Personas por el mundo que dejan huella

Lo que realmente enriquece un viaje son las personas que te encuentras por el camino. No necesariamente se requiere una gran charla. A veces, sin palabras, la comunicación es fluida y profunda. Me gusta observar a la gente, en sus actividades cotidianas, sus reacciones al entablar conversación.

Guatemala, 1997

Conocer las diferentes costumbres, culturas y códigos. Las personas del mundo son una fuente de enriquecimiento constante. 

Esta es una recopilación de 10 momentos protagonizados por personas anónimas. Experiencias vividas aquí y allá. Sin más pretensión que la de recordar y revivir situaciones que resultaron especiales para mí. 

Tailandia, 1994

“Hay personas silenciosas que son mucho más interesantes que los mejores oradores”  (Benjamin Disraeli)

 

1. Kioto, Japón. Districto de Gion: “Sesión fotográfica de la novia” 

Japón, 2015

Había llovido de lo lindo. Un tormentón impresionante inundó las calles de Kioto. El día estaba desapacible, pero no queríamos irnos de la ciudad sin visitar el tradicional distrito de Gion, el de las geishas. Dicen que si se deambula por aquí hacia el anochecer, puedes verlas antes de que entren a una de las casas de té. No logramos ver a ninguna, pero sí a dos novios que estaban haciendo su reportaje fotográfico nupcial. La novia posaba orgullosa con su traje tradicional de impresionantes bordados. Lucía dos grandes flores como tocado en su pelo y posaba con una sombrilla japonesa haciendo juego con los colores de su atuendo. Nadie más observaba la escena. Después de la tormenta, Gion estaba vacío. Los novios sólo hablaban japonés. Les felicité con un internacional “Congratulations” y su respuesta fue una enorme sonrisa acompañada de un “Thank you”. Estaban felices, enamorados y orgullosos de que unos accidentales los estuvieran contemplando.

2. Valle de Pokhara, Nepal: “Colores entre campos de arroz”

Nepal, 1996

Corrían los años 90. Nepal era uno de los destinos asiáticos más habituales. En aquella época no se hablaba de Myanmar, Laos, Camboya o las últimas islas tailandesas de moda en donde lo más exótico eran las Islas Phi Phi . El Valle de Pokhara era el punto final del viaje después de dos semanas en la India y dos más en Nepal. Me encantaba el país, por aquel entonces te encontrabas a pocos turistas y estaban por llegar los devastadores seismos de los últimos años. Alquilamos una motocicleta para recorrer el Valle de Pokhara. Un entorno absolutamente rural. Cruzábamos aldeas y campos de cultivo por caminos tortuosos. Tengo unos recuerdos encantadores de aquellas tierras y aquellas gentes. Como en casi todo el mundo, son las mujeres las que trabajan en el campo. Allí estaban escondidas entre el intenso verde de los cultivos de arroz. Emergían sus cabezas cubiertas por pañuelos para protegerse del sol. La escena me pareció cargada de equilibrio y sosiego.

3. Plaza de Yamaa el Fna, Marrakech. Marruecos “Encantador de serpientes”

Marruecos, 2000

Pocos lugares conjugan tantos elementos variopintos. La Plaza de Jamaa el Fna en Marrakech es un hervidero de actividad por el día y la noche. Cada rincón es un espectáculo en sí mismo. He estado varias veces disfrutando de este lugar a cualquier hora y es uno de mis preferidos en mi mapa viajero. Da igual las veces que vayas, siempre encuentras personajes distintos, actividades diversas y mucho color. Cierto es que, con los años, ha ido perdiendo parte de su auténtica esencia por la cantidad de turismo que acude a la zona, pero sigue siendo un espectáculo. Por el día podemos encontrar astrólogos, domadores de monos, dentistas, cuenta cuentos, acróbatas y encantadores de serpientes como el de la fotografía que con maestría se coloca con una mano la serpiente en la cara y con la otra pide la propina. Al caer la tarde, desaparecen los tenderetes de la mañana y los puestos de comida inundan la plaza. Una de mis actividades preferidas, es observar la puesta de sol desde una de las múltiples terrazas elevadas en cualquiera de los restaurantes que rodean la plaza: saborear un té a la menta mientras el sol se pone tras la torre de la Koutoubia y aparecen las lucecitas en la plaza, es un placer viajero.

4. Singapur, Orchard Rd. “Niña jugando con el móvil”

Singapur, 2016

Esta ciudad-estado sigue trabajando para convertirse en una de las primeras urbes del mundo. Multirracial y mestizaje, atractivos adicionales, puesto que puedes sentirte en India (Little India) o en China (Chinatown). Visitar el mejor zoo del mundo; el diseño y tecnologias más impresionantes (Gardens by the Bay) o la piscina infinita más alta del mundo (Marina Bay). Pero, de nuevo, sus gentes son uno de los mayores atractivos. Gente educada y amable, siempre dispuestos a ayudarte. Paseábamos por el subterráneo de uno de los centros comerciales de Orchard Road para comer un tentempié y nos sentamos en uno de los puestos. En la misma mesa estaban una mamá y su niña. La señora entabló rápidamente conversación con nosotros. Nos explicó, en perfecto inglés, que había vivido una temporada en Europa y conocía Barcelona, nuestra ciudad. La niña, que no debía tener más de unos cinco años,  permanecía impertérrita y sin pestañear mirando fijamente el móvil. Le pedí a la madre hacerle una foto a su hija y asintió encantada. Cuando nos despedimos, la niña seguía a lo suyo. Ni nos miró, ni se enteró, pero quise guardar una cara asiática dulce, bonita y concentrada. Reflexión: ¿A dónde nos llevará esta exposición tan temprana e intensa a la tecnología?

5. Agra, India “Overbooking en el tuc-tuc”

India, 1996

Los tuc tuc se encuentran por toda la India. Es el vehículo a motor más común y utilizado, no sólo en este país sino en muchas ciudades asiáticas. Paseábamos por Agra, ciudad precisamente no famosa por los tuc tuc, sino por albergar una de las joyas arquitectónicas más bella y famosa del mundo: el Taj Mahal. Esta es la otra cara de Agra, una ciudad sucia, contaminada y destartalada situada a orillas del Río Yamuna. Un tuc tuc paró enfrente de donde estábamos situados. Llegué a contabilizar más de 14 niños en su interior, algunos haciendo auténticos malabarismos para aguantar sin caer. Ya no cabía ni una aguja, cuando se acercó otro niño para subir, instantánea que pude captar. De como la necesidad obliga al aprovechamiento extremo …

6. Lago Atitlán, San Juan La Laguna, Guatemala. “Tejiendo”

Guatemala, 1997

Guatemala tiene muchos rincones interesantes y uno de ellos es el Lago Atitlán, una hermosura situada a más de 1500 metros sobre el nivel del mar entre volcanes y cerros, en mi opinión, uno de los más bellos. Rodeado por “santos” y “santas”, puesto que los pueblos que habitan los alrededores del lago llevan este prefijo en su nombre. Estamos en tierra de mayas. La barca que contratamos para navegar por el lago amarró en la orilla y visitamos  San Juan La Laguna, un pueblo tranquilo y con poca presencia turística. Su producción textil a cargo de las mujeres tejedoras es tradicional en esta localidad. Estuvimos observando un buen rato el quehacer de Itzel, una chica indígena de edad indeterminada, que tímidamente tejía con la técnica tradicional ancestral un largo tejido de múltiples colores. Entre sonrisa y sonrisa proseguía con su, a nuestros ojos, compleja actividad. El conocimiento de la producción artesanal de tejidos pasa de generación en generación. Los textiles gualtemantecos son preciosos y sus tejedoras como Itzel, unas verdaderas artistas. El mercado de Chichicastenango es un buen lugar para comprar bonitos y colorísticos tejidos.

7.  Varanasi, India “Sonrisas”

India, 1996

El trabajo infantil no debería ser cosa de niños. Más de 150 millones de menores (impresiona la cifra) entre 5 y 17 años, se ven forzados a trabajar en este mundo injusto y desigual. Caminábamos por las afueras de Varanasi (Benarés) y nos encontramos con estos niños trabajando en el campo. No pusieron ninguna objección a fotografiarles, hicieron una parada, se sentaron aguantando con sus manos las herramientas de trabajo y posaron sonriendo de forma espontánea. La madre no sonreía, se giró y no quiso enseñar su cara, ¿por vergüenza?, ¿por timidez?, ¿por impotencia?. No pidieron nada. Parecían contentos de haber posado para una foto de una occidental. Pero la occidental volvió al confort de occidente y ellos siguieron allí, con su rudimentaria hoz en la mano cortando hierba… con una sonrisa. Algo se me removió por dentro. 

8. Tana Toraja, Sulawesi. Indonesia 

Indonesia, 1992

Durante años llamada la Isla Célebes, hoy Sulawesi. El nombre de su capital también ha cambiado, hasta 1999 fue Ujung Pandang y ahora Makassar. Pocos cambios más. Hace 25 años que visité las tierras de los Tana Toraja. Una cultura única, una interpretación sorprendente de la muerte y un lugar recóndito. Sus casas con formas de barcos invertidos y múltiples cuernos de búfalo colgados en su entrada nos dan la bienvenida. Para llegar hasta aquí, hemos utilizado un autobús de línea destartalado que después de más de diez horas (y un viaje para olvidar) llega hasta Rantepao la capital de los Toraja. Tuvimos la suerte de poder asistir a un funeral toraja. Cuanta mejor posición social tiene la familia del fallecido (que lleva años fallecido), mayor número de búfalos y cerdos sacrificados. Todos son invitados y bienvenidos a la fiesta. Mientras, cerca del funeral, otros presenciaban una lucha entre búfalos: otro espectáculo. Una de las experiencias viajeras más extraña y especial.

9. La Habana, Cuba. “Son cubano”

La Habana, 2000

Cuba sigue atrapada en el tiempo. A pesar de que el país se ha ido derrumbando a su alrededor, los cubanos siguen inasequibles al desaliento. Son valientes, alegres y auténticos supervivientes. En este lugar del mundo las personas son el activo más importante del país. La música impregna todas las paredes, de las casas, de las calles, todo es música en Cuba. Paseando por La Habana encuentras un músico callejero en cada esquina. Y éste era el solista del grupo “Los Mambises”. Me quedé embobada escuchándolos durante un buen rato. Ya hace más de un año que murió el Comandante, la música sigue en Cuba y mi admiración por los cubanos, también.

10. Vilafranca del Penedès, Barcelona. “Castellers”

Coraje, disciplina, trabajo en equipo, esfuerzo, solidaridad, humildad :”Todos importantes, ninguno imprescindible”, es uno de sus lemas. Los castellers conjugan valores ya en desuso. En los castells, esas torres humanas de varios pisos de altura que se construyen hace más de dos siglos en Cataluña, hay mucho de técnica y también mucho de corazón. Me emociona ver levantar un “castell” y siento un nudo en la garganta cuando el “enxeneta” -el niño casteller que corona un castell- consigue alcanzar la cima jaleado por los aplausos y vivas de los espectadores. Esas manos entrelazadas sujetando los pilares del castell manifiestan lo mejor de la esencia humana.

Autor entrada: Bea

Bea
Soy Bea. Me encanta viajar y fotografiar. Viajo desde siempre y siempre que puedo . Conocer , experimentar y rodar por el mundo.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *