Ciudad Vieja de Jerusalén, tres veces sagrada

Jerusalén, ciudad cautivadora que evoca el nombre de Dios. El viajero debería ir desprovisto de prejuicios religiosos, políticos o culturales. Con mirada abierta y exenta de ideas prefijadas. Sólo así eres capaz de procesar esta ciudad Patrimonio de la Humanidad y sagrada para las tres principales religiones monoteístas. Judíos, cristianos y musulmanes conviven en este puzzle difícil de resolver pero muy atractivo por conocer. 

Jerusalén es uno de esos destinos viajeros míticos. ¿Quién no ha visto alguna vez el Muro de las Lamentaciones con cientos de fieles rezando en su pared? o ¿Cómo abstraerte del eterno conflicto judío-palestino?. Santa para el cristianismo, el judaísmo y el islamismo, Jerusalén es una de las ciudades más espectaculares y especiales del mundo. Fundada el año 1004 a.C. por el Rey David, hay que perderse por su Ciudad Vieja, de más de 2000 años, para entenderla y amarla. Una perspectiva aérea de la “Old City” (como indican los carteles turísticos) nos muestra la muralla de casi cuatro kilómetros de longitud y cinco siglos de vida. Dentro de sus paredes un abigarrado conjunto de tejados, callejones, minaretes y cúpulas. 

Son ocho las puertas, construidas de acuerdo a los puntos cardinales, las que permiten cruzar la muralla y acceder a su interior. La Puerta de Jaffa, la más transitada por los turistas y que da acceso al Barrio Cristiano y al Barrio Judío. La Puerta de Damasco, la más grande, con el gentío que entra y sale del Barrio Musulmán fluyendo calle abajo entre cafés, puestos de comida y tiendas. Cuatro barrios y cuatro mundos distintos aunque físicamente muy cercanos.


“En Jerusalén conviven cuatro barrios y cuatro mundos distintos, aunque físicamente muy cercanos, espiritualmente lejanos”


La Puerta de Damasco, la más grande, con su gentío que entra y sale del Barrio Musulmán, fluyendo calle abajo entre cafés, puestos de comida y tiendas. Cuatro barrios y cuatro mundos distintos aunque físicamente casi se tocan. En esta puerta, es la única en la que se sitúan unas garitas donde los soldados israelíes, con fusil en mano, vigilan la entrada. Un camino de ronda permite permite recorrer la Ciudad Vieja desde las alturas de la muralla. La Puerta de Herodes, en la pared norte de Jerusalén, da acceso a los mercados de la Ciudad Vieja y al Barrio Musulmán. La Puerta de los Leones (Lion’s Gate) toma su nombre de los dos felinos que decoran ambos lados de la puerta. Está situada en el lado este de la muralla y es el inicio de la Vía Dolorosa.

Puerta de Jaffa

La Puerta Dorada, la más antigua de la ciudad, data del siglo V y se encuentra en el centro de la muralla Este. Está bloqueada y no se puede cruzar, ya que fue clausurada por Solimán el Magnífico responsable de la construcción de la muralla. La Puerta de Dung (o del estiércol) es por donde se sacaba la basura de la ciudad. Esta es la puerta para llegar más rápidamente al Muro de las Lamentaciones y a la Explanada de las Mezquitas. La Puerta de Sión se encuentra frente al monte de nombre homólogo, en la parte sur de la muralla y da acceso al Barrio Armenio y Barrio Judío. Finalmente, la Puerta Nueva, construida en el siglo XIX, fue levantada por el Imperio Otomano para facilitar la entrada al Barrio Cristiano.

Puerta de Damasco

Todos los barrios de la Ciudad Vieja son atractivos y diferentes entre sí. Durante el Sabbat el Barrio Judío permanece cerrado a diferencia del resto. La Ciudad Vieja de Jerusalén es para ir y volver y volver a ir. Cada vez descubres nuevos detalles y experimentas nuevas vivencias. Me encantó pasear, observar y hablar con la gente en esta babel en el que el tiempo se ha parado y que es casi obligatorio conocer para un viajero. 

Rincón de la Ciudad Vieja, después de atravesar la Puerta de Jaffa

Barrio Musulmán

El Barrio Musulmán se encuentra en la parte noreste de la Ciudad Vieja y acoge un activo zoco conformado por callejones cubiertos en los que se vende todo tipo de productos. Es como estar en un antiguo zoco de una ciudad árabe. La calle al-Wad es un acceso primordial para los musulmanes que se dirigen desde la Puerta de Damasco a la Explanada de las Mezquitas y para los judíos que suben hacia el norte procedentes del Muro de las Lamentaciones. No hay ninguna bandera palestina, están prohibidas. Los soldados israelíes se mezclan entre la multitud, a pesar de que es difícil que pasen desapercibidos: van equipados como si estuvieran a punto de entrar en combate. Con sus trajes militares, pesadas y voluminosas mochilas en la espalda, fusil… 

Calle al-Wad en el Barrio Musulmán que conecta la Puerta de Damasco con la Explanada de las Mezquitas 

En Israel el servicio obligatorio en el ejército es prestado tanto por hombres como mujeres. Todos son jóvenes. El Barrio Musulmán es el más vigilado de la Ciudad ViejaEl muecín llama a la oración desde la mezquita de Al-Aqsa. Un camino de ronda permite contornear el barrio desde la Puerta de Damasco hasta la Puerta de Herodes. Un oportuno kebab me permite hacer un descanso en un pequeño local, para después proseguir la visita por la Ciudad Vieja.

Puestos en el barrio musulmán de la Ciudad Vieja

Barrio Cristiano

Ya es de noche. La entrada más directa a este barrio es por la Puerta Nueva, pero entro por la Puerta de Jaffa y voy con prisas. El evento “The Night Spectacular” me espera en la Torre de David. Las paredes de la Ciudadela de David sirven como plataforma para un espectáculo nocturno de luz y sonido. En medio de los restos arqueológicos, la historia de Jerusalén desfila por tu retina con los múltiples avatares de esta ciudad milenaria. El marco es incomparable y la proyección de calidad. Las piedras de la ciudadela se tiñen de colores, formas y movimiento en una sucesión de impresionantes imágenes. 

La Ciudadela de David iluminada con la proyección “Night Spectacular”

La joya del Barrio Cristiano es la Iglesia del Santo Sepulcro, situado en el límite del Barrio Musulmán y Barrio Judío. Según la tradición cristiana, está edificada en el lugar en que Jesús fue crucificado y enterrado. Tuvo que recorrer la Vía Dolorosa, la más transitada por los peregrinos, hasta llegar a la colina del Gólgota donde se erige esta Iglesia. Entrar en su interior es una de las mejores experiencias en Jerusalén y resulta fascinante en una primera impresión para el viajero. La luz del exterior se diluye y deja paso a una oscuridad entre la que encontramos los recargados ornamentos y cirios ortodoxos.

Cirios en el Santo Sepulcro

“Entrar en el interior del Santo Sepulcro, es una de las mejores experiencias en Jerusalén y resulta fascinante en una primera impresión para el viajero”


El templo ha sido arrasado y reconstruido muchas veces a lo largo de casi dos mil años, desde la primera edificación que levantó el emperador Constantino. Esto es una babel de religiones. Son los griegos quienes disfrutan de más metros cuadrados: el Calvario, la piedra de la unción y el katholicón, entre sus posesiones principales. Los armenios, también ortodoxos, son los dueños del subsuelo, donde hay una capilla dedicada a Santa Elena, madre del emperador Constantino, quien convirtió el cristianismo en religión oficial de Roma. Los franciscanos dominan la capilla de la Crucifixión, el lugar donde se descubrió la cruz y dos oratorios donde Cristo se apareció a su madre y a María Magdalena, mientras que los coptos controlan solamente una pequeña capilla. Y los etíopes deben conformarse con el tejado. Todo repartido.

Exterior de la Iglesia del Santo Sepulcro
Rezando en la piedra de la unción, Santo Sepulcro

Hoy es viernes santo. Una comitiva de franciscanos que ha llegado hasta aquí después del Viacrucis por la Vía Dolorosa, atraviesa a paso lento el recinto más venerado de la cristiandad. Rosarios en mano y rezando, van accediendo al interior del Santo Sepulcro con fervor y devoción. Vuelvo otro día y me encuentro con una importante visita de la jerarquía eclesiástica. Despejan la zona para los insignes visitantes y se encargan de ello los sacerdotes ortodoxos que les esperan en la entrada del Santo Sepulcro

Sacerdotes ortodoxos esperando unos visitantes insignes

Elegantemente vestidos con sus pulcras vestimentas, lo primero que hacen es postrarse en el suelo frente a la piedra de la unción para besarla. Esta losa conmemora la unción del cuerpo de Jesucristo, cuando fue bajado de la cruz antes de depositarlo en el sepulcro. 

Y llega el momento cumbre de la visita cuando accedes a la Rotonda, zona de la iglesia de planta circular donde grandes columnas sustentan un gran cúpula bajo la cual, en el centro del lugar, se encuentra el Edículo del Santo SepulcroSe trata de una pequeña construcción realizada en 1808 por los ortodoxos griegos para sustituir a la que habían hecho los franciscanos en el siglo XVI. En realidad se trata de una pequeña cámara funeraria con una mesa de mármol sobre la roca bajo la que se supone se enterró a Jesucristo. Prepárate para hacer una larga cola hasta acceder a este recinto cuyo acceso regulan los cristianos ortodoxos.

Barrio Judío

Los israelíes perdieron el barrio Judío en 1948 en la Guerra árabe-israelí y sus 2000 habitantes fueron expulsados. En 1967 lo recuperaron tras la Guerra de los Seis Días. Se volvió a reconstruir de los graves destrozos producidos por los bombardeos jordanos. Para su reconstrucción se tuvo constancia de la apariencia original del barrio, las fronteras del barrio se definieron y su superficie fue ampliada al incorporar áreas del Barrio Armenio que no habían pertenecido al Barrio Judío. 

Letrero que indica el acceso al Muro de las Lamentaciones
Zona para hombres en el Muro de las Lamentaciones

Y llegamos a un lugar icónico. Visitar y pasear por el Muro de las Lamentaciones es una experiencia única y especial. Tantas veces lo has visto en fotografías y vídeos que crees te va a defraudar. Pero no. Supera de largo tus expectativas. Separado en zona de hombres y mujeres, el muro se llena de fieles que rezan  concentrados con fervor. Algunos de pie tocando el muro. Otros sentados en sillas leyendo el Libro de los Salmos. Nadie desvía la atención de sus rezos. El Muro de las Lamentaciones, es el lugar más sagrado del judaísmo y único vestigio que se conserva del Templo de Jerusalén. Se trata de una construcción milenaria, levantada en tiempos de Agripa II para la protección del templo. En realidad es el muro occidental de lo que los musulmanes llaman la Explanada de las Mezquitas y es para los judíos la Explanada del Templo.

Zona para mujeres en el Muro de las Lamentaciones

Es tradición introducir un pequeño papel entre sus piedras con una oración, plegaria o deseo. A la entrada, una mujer me entregó el papelito en blanco y un bolígrafo para poder escribir en él. Sentí  emoción cuando me acerqué al muro para tocarlo y depositar mi papel. Allí se quedó, con mis deseos escritos en él y ya considerado como un objeto sagrado según el reglamento religioso judío. No pueden ser destruidos. Por ello, dos veces al año se realiza una limpieza oficial de papeles, que posteriormente se entierran en el Monte de los Olivos de Jerusalén

Mi papelito depositado junto a otros, en uno de los huecos del Muro de las Lamentaciones

Me alejo del Muro de las Lamentaciones consciente de haber estado en uno de los lugares sagrados más especiales y sigo mi paseo por el Barrio Judío. Si se visita en Sabbat (desde el viernes a la puesta del sol hasta el sábado al anochecer) todo está cerrado a excepción del Muro de las Lamentaciones que acoge a sus feligreses con las mejores vestimentas para la ocasión. En un día laborable, los comercios, restaurantes y tiendas exhiben sus productos (Kosher, por supuesto). Tiendas de kipás, el pequeño sombrero circular que cubre solamente la coronilla, usado por los hombres judíos. También se vende el shtreimel, un sombrero de piel llevado por muchos judíos ultraortodoxos casados, que lucen durante el Sabbat y otras festividades hebreas.

La kipá, el pequeño sombrero circular que cubre solamente la coronilla, usado por los hombres judíos

Pero no sólo las maravillas del Barrio Judío están en la superficie. A finales del siglo XIX, las excavaciones encontraron una cavidad subterránea que dejan al descubierto la parte subterránea del Muro de las Lamentaciones. Y es que los 60 metros de muro frente al que se reza, no es lo único que queda en pié de las murallas del antiguo Templo. Son 488 metros en total, en su mayoría  bajo el Barrio Musulmán, los que guardan el más sagrado de los “tesoros” de este pueblo. Túneles, enormes piedras y pequeñas grutas, conforman los cimientos de las antigua Jerusalén de hace 2000 años. Un laberinto que acaba en la Vía Dolorosa, al otro lado de la Ciudad Vieja. No tuve la oportunidad de visitarlos y es una buena razón para volver a Jerusalén

Vendedor en un puesto de kipás
Militares en la Plaza del Muro de las Lamentaciones

Por encima del Muro de las Lamentaciones y en la Explanada de las Mezquitas se encuentra una de las joyas de Jerusalén: la Cúpula de la Roca, visible desde muchos puntos del exterior de las murallas. El Domo de la Roca fue edificado a finales del siglo VII por orden de Abd al-Malik, califa de la dinastía Omeya, para proteger la roca situada en su interior desde donde, según la tradición musulmana, Mahoma ascendió al cielo. La estructura octogonal coronada por una cúpula dorada está considerada el monumento islámico más antiguo en pie. Es bellísima y su interior ha sido recientemente restaurado por Jordania, país custodio de los santos lugares musulmanes de Jerusalén

La Cúpula de la Roca

Lástima que pude disfrutarla poco tiempo porque llegamos cuando ya iban a cerrar (el guía calculó mal o lo hizo expresamente…) y son drásticos en el cumplimiento del horario. Los vigilantes te echan del lugar sin contemplaciones. El santuario es objeto de polémica entre judíos y musulmanes. Está prohibida la entrada a los no musulmanes. ¡Lástima! porque parece ser que es preciosa, con teselas de oro, plata, coloreadas y de madreperla. Así como mosaicos fabricados por la prestigiosa casa Orsoni, una fábrica veneciana de cristal fundada a finales del siglo XIX, mundialmente conocida por la exquisitez de sus trabajos. 

El bello templo de la Cúpula de la Roca o Domo de la Roca

El Domo de la Roca y la contigua Mezquita de al-Aqsa, requieren un permiso especial de la autoridad religiosa islámica y solo pueden acceder a la explanada por una de las nueve puertas, la de los Magrebíes. Antes de los noventa, los judíos apenas visitaban el complejo pero ahora van a diario y escoltados por la seguridad israelí, pero no pueden rezar en la Explanada. Este lugar también es sagrado para los judíos. Según la tradición hebrea, en esa roca Abraham estuvo a punto de sacrificar a su hijo Isaac como ofrenda a Dios y allí se ubicaron el Templo de Salomón (conocido como el Primer Templo) que albergaba el Arca de la Alianza y tras la destrucción de este por las huestes del rey babilonio Nabucodonosor, el Segundo Templo, destruido en el año 70 después de Cristo por las legiones romanas.

Feliz frente a la Cúpula de la Roca

Un lugar bello pero turbulento, epicentro de múltiples conflictos al ser el tercer lugar más sagrado para el islam y el segundo para el judaísmo. El acceso para no musulmanes se encuentra a la salida de Plaza del Muro occidental en dirección a la Puerta de Dung viniendo desde la Puerta de Herodes. Allí hay una cola contigua al punto de control de la plaza que da acceso a una pasarela elevada de madera que transcurre por encima del Muro de las lamentaciones. Desde ese punto, se pueden tomar buenas fotos del Muro, aunque nunca imaginé que accedería así a la zona de la Explanada de las Mezquitas.

Pasarela de acceso para los no musulmanes que cruza el Muro de las Lamentaciones para acceder a la Explanada de las Mezquitas

Barrio Armenio

El Barrio Armenio es el menor de los cuatro barrios de la Ciudad Vieja. Está situado en la parte suroeste de la misma. A pesar de su reducido tamaño y población, los armenios y su patriarcado, el Patriarcado Armenio de Jerusalén, están muy presentes en la ciudad. Aunque los armenios son cristianos, enfatizan su identidad frente al Barrio cristiano. Es un barrio tranquilo con diversas tiendas de cerámica en sus estrechas callejuelas.

La luz del día se apaga. Las mejores horas en Jerusalén son el amanecer y anochecer, cuando los rayos del sol tocan de forma oblicua y las piedras se tiñen de dorados y color miel. Salgo por la Puerta de Sión que se encuentra junto al Barrio Armenio, en la esquina suroeste de la Ciudad Vieja y ofrece acceso directo al Monte Sión. Pero eso ya está fuera de las murallas. Empieza el Sabbat y todos van hacia el Muro de las Lamentaciones. Y así se inicia un nuevo ciclo, en la sagrada Jerusalén.

Datos prácticos:

Vuelo e Inmigración: Un avión de una línea aérea low cost de un país nórdico, te lleva en cuatro horas desde Barcelona hasta el Aeropuerto Internacional Ben Gurión de Tel Aviv, situado a 55 kilómetros de Jerusalén. Los trámites de inmigración son mucho más ágiles y leves de lo que imaginaba. No te sellan el pasaporte ni a la entrada ni en la salida, para evitar que ello te penalice en posteriores viajes a países árabes. Te dan una papelito con formato de tarjeta, que debes guardar junto al pasaporte hasta la salida del país. Hay que asegurarse de no llevar en el pasaporte ningún sello de los países en conflicto con Israel como por ejemplo Irán. 

Transporte: Son varias las opciones para llegar a Jerusalén desde el aeropuerto. Elijo el tren rápido construido recientemente (con años de retrasos y considerables conflictos) que te deja en el centro de Jerusalén en poco más de 50 minutos. En la Ciudad Vieja, las visitas se realizan a pie. Fuera de las murallas, el mejor sistema para moverse por la ciudad es el tranvía nuevo construido en 2011, que une la parte Oeste con la Este (zona palestina).


“En el tranvía puedes ver adolescentes israelíes con minifalda, adolescentes palestinas con hiyab, jóvenes militares armados que cumplen el servicio militar, judíos ultraortodoxos con sus levitas, sombreros y tirabuzones y ultraortodoxas con sus pelucas”


En el tranvía puedes ver adolescentes israelíes con minifalda, adolescentes palestinas con hiyab, jóvenes militares armados que cumplen el servicio militar, judíos ultraortodoxos con sus levitas, sombreros y tirabuzones, ultraortodoxas con sus pelucas (su religión les obliga a raparse el pelo a las mujeres casadas). Todos juntos, compartiendo espacio y transporte. Importante: mejor no llegar a Israel en Sabbat (del viernes al anochecer hasta el sábado noche), ya que el transporte público no funciona y se reducen drásticamente las opciones para poder moverte. 

Precios: El Shequel es la moneda de Israel y Palestina. En general, la relación calidad-precio en Israel no guarda una correlación. Todo es caro. Demasiado caro para el producto que venden. Desde los hoteles, hasta una cerveza (7-8€), un kebab (12€) o un simple cepillo de dientes (8-10€). Es conveniente no olvidarse nada en casa para no tenerlo que comprar (como me pasó a mí). 

Alojamiento: La opción de alojamiento fue el Abraham Hostel, muy recomendado en las redes, bien ubicado y más asequible que un hotel. No cumplió mis expectativas. En cambio, el Abraham Hostel de Tel Aviv, más nuevo y moderno es una mejor opción. La ubicación es buena, a 5 minutos del mercado Machane Yehuda y a 20 minutos caminando de la Ciudad Vieja. El tranvía que cruza el centro de Jerusalén está muy cerca. 

Gastronomía: La confluencia de las tres grandes religiones —musulmana, judía y cristiana,— hacen de Jerusalén un enclave con una cultura gastronómica variada. El pan es omnipresente. Hay infinidad de panaderías con muchas variedades de pan, pasteles y pastelitos. El famoso humus , aquí con más cantidad de aceite y muchos más platos como: Shakshuka, Jachnun, Hamin, Bourekas, Cuscús israelí o Falafel.

Autor entrada: Bea

Bea
Soy Bea. Me encanta viajar y fotografiar. Viajo desde siempre y siempre que puedo . Conocer , experimentar y rodar por el mundo.

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