La Casa Amatller: burgueses, viajeros y chocolateros

Una de las joyas modernistas de Barcelona

Cartel publicitario de los chocolates Ametller (“Almendro”), 1913. Elaborador por el ilustrador francés Paul Chocarne-Moreau

Antoni Amatller era la tercera generación de empresarios chocolateros. Nacido en 1851, se hizo cargo del negocio familiar con apenas 20 años. “Voy a comprar un edificio en Paseo de Gracia. El inmueble del número 101. Se llamará Casa Amatller”, le comentó a su hija Teresa. Corría el año 1898 y tras el derribo de las murallas de Barcelona en 1854, Ildefonso Cerdà construyó un nuevo proyecto en la ciudad, ocupando un terreno vacío que se llenó con cuadrículas en chaflán. El elegante bulevar que conectaba la antigua ciudad amurallada de Barcelona con la Vila de Gracia, se denominó Paseo de Gracia.

Casa Amatller , Passeig de Gràcia 41

“Le voy a encargar la remodelación a Josep Puig i Cadafalch”, prosiguió el Sr Amatller. “Quiero que rediseñe completamente la fachada. El diseño del mobiliario y los detalles decorativos. Va a necesitar escultores, especialistas en mosaicos, vidrieros y otros artesanos. Tenemos que reunirnos para acabar de definir el proyecto. Será un edificio magnífico, como corresponde a la familia Amatller”, concluyó. A finales del XIX y principios del siglo XX, la época dorada de la burguesía catalana, florecen edificios modernistas proyectados por insignes arquitectos. Las familias burguesas lucen su potencia económica y la calle Paseo de Gracia se convierte en una exposición de joyas modernistas al aire libre.

Escalera noble que servía de acceso al piso principal
Rincón del vestíbulo  en el que te invitan a degustar un chocolate después de realizar la visita guiada

“Tengo varias ideas. Una gran letra “A” rodeada de la flor de almendro junto a una poesía inspirada en esta flor. Debe haber elementos referentes al nombre de la familia. Y un estudio fotográfico…”, proseguía entusiasmado. El señor Amatller, además de burgués y empresario, era hombre de grandes aficiones. La fotografía era su pasión y también el coleccionismo. Ello obligó a Puig y Cadafalch a tenerlo muy en cuenta en su construcción. Así se pueden ver en las ventanas del piso principal, en el que vivía la familia, símbolos esculpidos de la industria y las artes y un auténtico estudio fotográfico de la época en la parte superior del edificio.

Una de las puertas ubicada a la entrada de la finca

La obra iba avanzando. Propietario y arquitecto trabajaban conjuntamente y ello se ve reflejado en la fachada. Hubo un contratiempo: el proyecto sobrepasó la altura permitida por la normativa vigente. Aquella tarde, Antoni Amatller llegó a casa muy contrariado. “Nos han parado las obras. El ayuntamiento no firma la autorización. Confío en que Puig pueda resolverlo…”. “No os preocupéis, padre”, contestó TeresaY así fue. El arquitecto resolvió el exceso de altura con un golpe de genialidad. Coronó la casa con una estructura en forma escalonada que recuerda al estilo arquitectónico flamenco. En dos años y coincidiendo con el nuevo siglo, la obra queda finalizada.

Detalle del vestíbulo de Casa Amatller
Una de las magníficas vidrieras de Casa Amatller

El edificio causó una gran sensación. Fue objeto de curiosidad y admiración. La primera de las casas de lo que sería “La manzana de la discordia” junto a la famosa Casa Batlló (1904-1906) de Gaudí y Lleó Morera (1902-1905) de Domènech i Montaner.

Pasillo de Casa Amatller que comunica la fachada principal y el patio trasero de la finca

Antoni Amatller y su hija Teresa (que vivió con su padre separado, desde los siete años de edad) se instalaron enseguida en la planta noble de la casa, siempre reservada para los propietarios del edificio y con acceso independiente. El resto del edificio se alquiló, como era habitual en la época. Para documentar el interior de la casa, Amatller encargó un reportaje fotográfico a su amigo el fotógrafo Pau Audouard. Gracias a ello, sabemos como era cada una de las estancias y detalles decorativos.

Sala de música contigua al comedor de Casa Amatller
Detalle de la excepcional vidriera con piedra y hierro forjado, ubicada en comedor
Comedor y sala principal de la casa con una gran vidriera orientada al patio trasero de la finca
Despacho de Antoni Amatller decorado con vidrios de colores
Dormitorio de Teresa Amatller, muy iluminado gracias al ventanal de Paseo de Gracia

“Padre, podríamos utilizar estas vitrinas para la colección de joyas antiguas”, sugirió Teresa a su padre. A lo largo de los años, Antoni y Teresa viajaron intensamente adquiriendo diversos objetos en aquellos países que visitaban. Desde Marruecos hasta Turquía, incluso hicieron un viaje a Egipto en 1909, una proeza en aquella época. Antoni fotografiaba incansablemente escenas durante sus viajes. Teresa fue una fiel compañera de aventuras de su padre. 

Objetos de la colección privada expuestos en Casa Amatller
Detalle de una de las lámparas modernistas de Casa Amatller

Antoni Amatller vivió 10 años en su flamante nueva residencia. Murió en 1910, a los 59 años, en su casa de Paseo de Gracia número 41. Supo compaginar a la perfección su exitosa faceta de empresario con los viajes y aficiones. A la muerte de su padre, Teresa fue la heredera universal y con 36 años la única habitante de la casa, que consagró a la memoria de su padre. La empresa familiar pasó a denominarse Hija de A. Amatller y en 1924 se constituyó como Chocolate Amatller S.A. Después de una larga vida dedicada a mantener el patrimonio familiar, Teresa Amatller murió en 1960 a los 87 años, sin haberse casado y sin descendencia.

Detalle de las vidrieras modernistas de Casa Amatller

Después de la muerte de Teresa, el patrimonio completo (incluida la casa de Paseo de Gracia), pasó a ser gestionado por la Fundació Institut Amatller d’Art Hispànic. La Casa Amatller fue declarada monumento de interés históricoartístico en 1976. Una muestra fascinante de la vida burguesa barcelonesa de los primeros años del siglo XX.

Nota: Actualmente Casa Amatller está completamente restaurada siguiendo su esencia inicial. Se realizan visitas guiadas  todos los días del año, con una duración de 45 minutos y un precio general para adultos de 24€. Los horarios van desde las 10 de la mañana hasta las 18h y se realizan en varios idiomas. La visita incluye la degustación de una taza de chocolate Amatller. Otro atractivo adicional es la cafetería-restaurante y tienda ubicada en los bajos de la finca: Faborit , empresa independiente de Casa Amatller,  a la que se puede acceder directamente desde la calle.   

Uno de los rincones de la Cafeteria – restaurante Faborit Casa Amatller

Autor entrada: Bea

Bea
Soy Bea. Me encanta viajar y fotografiar. Viajo desde siempre y siempre que puedo . Conocer , experimentar y rodar por el mundo.

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