Un encantador recorrido por Cinque Terre en 3 días

Hasta no hace mucho, pocos visitaban estos encantadores pueblos de colores, colgados de los acantilados. En el mar de Liguria, al sur de Génova, esta porción de costa escarpada llamada “Cinque Terre”,  comprende cinco pueblos a cuál de ellos más bonito. Patrimonio de la Humanidad y Parque Nacional, “Las Cinco Tierras” es un lugar único y delicioso. 

¡ Bienvenidos al Parco Nazionale delle Cinque Terre !

Los cinco pueblos que abarca Cinque Terre, de norte a sur, son: Monterosso, Vernazza, Corniglia, Manarola y Riomaggiore. Todos bonitos y cada uno con personalidad propia. Aunque si tengo que seleccionar uno me quedaría con Manarola. La localidad de Portovenere (no incluida en Cinque Terre) y también Patrimonio de la Humanidad, sin duda, merece una visita. El contexto orográfico de la región, convierte a esta costa en un paisaje montañoso con terrazas en pendiente llenas de viñedos y elevados acantilados cuyas rocas llegan al mar. A excepción de Monterosso, no hay playas de arena. Aquí se viene a hacer senderismo, especialmente en primavera, a recorrer  los encantadores pueblos y a degustar el vino que se cultiva en las laderas del monte, casi retando a la gravedad. La mejor forma de visitar Cinque Terre es en tren: cómodo, económico y rápido. 

El recorrido se puede hacer de norte a sur, empezando por Monterosso, o al revés , de sur a norte iniciando el trayecto en Riomaggiore. Cualquiera de las opciones es interesante y probablemente haya que adaptarse a la ubicación del alojamiento. Hay quien recorre todos los pueblos de Cinque Terre en un solo día, entonces el viaje se convierte en una “gincana”. Éste es un lugar para saborearlo, sin prisas ni precipitaciones.  

 Recorrido por Cinque Terre en 3 días

Llego a Cinque Terre en tren desde Génova. En una hora y veinte minutos estoy en la estación de Riomaggiore, el pueblo más al sur y en el que me hospedaré durante mi estancia. Es primavera y la temperatura es agradable, pero hay que abrigarse. El termómetro marca 14 grados. En prácticamente todas las estaciones de tren de Cinque Terre, hay que atravesar un largo túnel para acceder al pueblo y Riomaggiore no es una excepción. Cruzo el túnel con techo de color azul y al salir aparece frente a mi una calle con mucha pendiente y casas de colores a lado y lado. Un letrero me indica que unas escaleras me llevarán al mar. Lo dejo para después. Ahora toca localizar el hotel en el que me alojaré las próximas cuatro noches, dejar el equipaje y salir a pasear por este pueblo que tiene muy buena pinta. 

Estación de tren de Riomaggiore
Riomaggiore, uno de los pueblos más encantadores de Cinque Terre
Detalle de Riomaggiore

Aquí todo son subidas, bajadas y escaleras. Un minibus que hace el trayecto de abajo-arriba-abajo, me lleva hasta lo alto del pueblo en el que se ubica mi hotel. Desde aquí tengo unas vistas soberbias del pueblo y el mar. Mis anfitriones, un matrimonio italiano, me reciben amablemente. Ya instalada, aprovecho para “bajar” al pueblo (esta vez por las innumerables escaleras, entre casas y paredes). El minúsculo puerto con barcas de colores y una rampa de piedra que va al mar, es muy pintoresco. Las casitas de colores, a cual más vivo, se “desparraman” por el acantilado. Hago las primeras fotos en Cinque Terre y ceno una pasta al pesto que está rica. La mejor forma de iniciar mi estancia en un lugar que promete.

Recién llegada a Riomaggiore, Cinque Terre
 Primer día: Riomaggiore-    Manarola-Vernazza

Hoy es mi primer día completo en Cinque Terre. Decido visitar el siguiente pueblo: Manarola. El tren me transporta en pocos minutos. Hay muchos turistas y el tren está atiborrado. Me dirijo al mar y llego al agua. ¡Qué pueblo tan bonito!. Tengo suerte y no llueve, a pesar de que la previsión daba lluvia. Hay senderos y escaleras por todos lados. Localizo una terraza de la ladera, en la que hay un restaurante que está justo enfrente del acantilado del pueblo. ¡Imposible una mejor panorámica!. Me quedo extasiada y contenta de haber encontrado casualmente un lugar tan especial. El restaurante se llama Nessum Norma y acabaré escuchando este aria de ópera degustando un exquisito gelato. No se puede pedir más…

Manarola, una joya en Cinque Terre
Sendero que rodea a Manarola y el restaurante Nessum Norma en la parte de arriba
Vistas de Manarola desde el restaurante Nessum Norma

No me iría nunca de aquí, pero tengo que seguir visitando más pueblos de Cinque Terre. Vuelvo a coger el tren y decido ir a Vernazza. Me salto Corniglia que es el siguiente a Manarola. Hay avisos por todos lados de que vigiles en los trenes porque roban. Hasta la anfitriona del hotel me lo comentó. Realmente hay mucha gente en los trenes, pero no tengo sensación de inseguridad en ningún momento del viaje. Eso sí , hay que tomar las precauciones habituales en lugares concurridos. Llego a Vernazza y en seguida me doy cuenta de que no es tan “recogido” como Riomaggiore o Manarola. Dicen que de los cinco pueblos es el que mejor ha conservado su aspecto de ciudadela marinera. Aquí hay más que ver con un castillo incluido. Se recomienda dedicarle mediodía y preferiblemente al atardecer. Y esa es mi idea. El pueblo se levanta  en un pequeño valle arrinconado por las montañas que lo envuelven. Bajando hacia el mar, se llega a la plaza principal, con una pequeña playa presidida por la Iglesia de Santa Margarita

Iglesia de Santa Margarita en Vernazza vista desde el Castillo  
Interior de la Iglesia de Santa Margarita de Vernazza
Plaza principal de Vernazza desde el malecón

Paseo por las callecitas de Vernazza y me dirijo hacia el mar. Llego a una pequeña playa con un también pequeño malecón, la iglesia a mi derecha y el castillo a mi izquierda. Subo al segundo, las vistas desde el torreón son bonitas. Cuando estoy en el castillo oigo “campanadas a muertos” y no me equivoco. Junto a la iglesia hay un coche funerario (un Maseratti) aparcado. Llego a la iglesia y se está celebrando el funeral. Tengo que esperar a que finalice para poder entrar. Aquí la costumbre es que la familia siga caminando tras el coche funerario. Entro a la iglesia que fue construida en 1318. Su interior se asemeja más a un castillo medieval que a una iglesia. Decido sentarme en un bar de la Plaza de Vernazza mirando el mar. Reanudo mi paseo. Ya son las 16:16 y aquí se cena pronto, así que cojo el tren hacia Riomaggiore y voy directamente a la marina. Hay menos gente que ayer. Estoy encantada de haber elegido este pueblo para alojarme.

Rincón de la plaza principal de Vernazza
 Segundo día: Corniglia-  Monterosso-Riomaggiore

Estoy en una linda placita en el pueblo de Corniglia. Madrugar tiene premio. Hoy a las 8.30 ya estaba en la estación de tren de Riomaggiore y había poca gente. Nada que ver con los tumultos y gentío de días anteriores. En dos paradas he llegado a Corniglia. Este es el único pueblo de Cinque Terre que no está en el mar. Hay que subir 300 escalones para llegar a él o bien esperar al minibús. Yo no opto por ninguno de los dos sistemas. Una señora que está maniobrando su coche, se dispone a subir al pueblo y le pregunto si es tan amable de llevarme. Acepta. Me indica que me siente detrás. Lleva a su perrito en el suelo del asiento del copiloto. Así que aquí estoy: habiéndome ahorrado unas cuantas escaleras, sin lluvia y sola en una terraza panorámica desde la que se ve el pueblo de Riomaggiore al fondo. Estar sola en un lugar tan turístico es especial. Pronto llegan más turistas y me dirijo al interior del pueblo cuya protagonista es una calle que lo cruza de un extremo a otro.

En el Caffe Matteo de Vernazza escribiendo mi diario
Un rincón de Vernazza

Estoy sentada en la terraza del restaurante “Caffe Matteo” y pido una “taronja expresada” (un zumo de naranja). Esta es tierra de cítricos, limones y naranjas. Un ligero aire fresquito presagia lluvia. Ver un pueblo de Cinque Terre sin aglomeraciones, tiene su encanto. Empieza a llover y me resguardo debajo de un toldo. El camarero me comenta que empezó a llover el 4 de abril y todavía no ha parado. Mes y medio lloviendo. Dice que no es nada habitual por aquí. Por la plaza van pasando senderistas bien equipados. En esta época los turistas vienen a caminar por los centenares de senderos entre viñedos y montañas.

Fachada de la Iglesia de San Pedro en Corniglia
Senderistas en uno de los caminos que arrancan en Corniglia
Señalización en Corniglia, de uno de los senderos de Cinque Terre

Paseo por Corniglia y me encuentro con la Iglesia de San Pedro que se levanta en la parte alta del pueblo y data de 1334. Destaca el rosetón de la fachada en mármol blanco de Carrara. Muy cerca de la iglesia, un letrero informa de uno de los senderos que va hacia Manarola. En el extremo opuesto del pueblo está el acceso para descender a la “marina”, como llaman aquí a la zona de costa. Finalizada la visita de Corniglia cojo el minibus de bajada a la estación y el próximo tren me transportará a Monterosso, el último pueblo de Cinque Terre que me falta por visitar. El más grande de todos y el único con playa de arena.  

Llegada a la estación de tren de Monterosso
Fachada de la Iglesia de San Juan Bautista, Monterosso

Cuando llegas a Monterosso enseguida te das cuenta de que éste es distinto al resto de los pueblos de Cinque Terre. Su amplitud, la extensa playa de arena que recibe al visitante y las dimensiones lo hacen diferente. Aquí no hay casitas de colores colgadas de un acantilado, pero también tiene su atractivo. Es la localidad más occidental y más poblada. La que contiene una mayor oferta hotelera y de servicios. Me dirijo al centro histórico y callejeando llego a la Iglesia de San Juan Bautista. Sus bandas oscuras y blancas recuerdan a las iglesias de la Toscana. Vale la pena entrar a visitarla. Sigo perdiéndome por las callejuelas de Monterosso y localizo un restaurante que dicen tiene el mejor tiramisú de Cinque Terre. Reservo mesa para las 19h y no me equivoco. Ésta será una de las mejores experiencias gastronómicas del viaje. Me acerco al paseo que rodea la playa. Ha salido el sol. Desde aquí se observa la recortada costa con los pueblecitos al fondo.

Playa de Monterosso con la Torre Aurora presidiendo la costa

La Torre Aurora está situada en un lugar estratégico frente al mar. Es una de las torres de guardia medievales y hoy es una casa privada. Salgo de la Trattoria Da Oscar muy satisfecha, habiendo degustado un tiramisú memorable y unos gnocchis al pesto magníficos, quizás los mejores que recuerdo. Me dirijo hacia la estación de tren para volver a Riomaggiore. Por casualidad cojo un tren directo y llego rápido. Mejor, el último minibus que sube a la cima del pueblo sale a las 21.00h. Mi segundo día en Cinque Terre ha sido muy satisfactorio. Mañana más.

  Tercer Día: Riomaggiore-    L’Spezia-Portovenere-             Riomaggiore

Hoy luce un sol mediterráneo. La previsión climática es magnífica y lo celebro porque el día requiere buen tiempo. En mi tercer día de viaje decido salir de Cinque Terre para visitar otra joya de la región: Portovenere, también Patrimonio de la Humanidad. Para no perder la costumbre, salgo de mi hotel y bajo las innumerables escaleras (no las he contado) hasta el pueblo. Me dirijo a la estación de tren. En una sola parada, en dirección sur, me planto en L’Spezia. Ciudad portuaria, con más de 200.000 habitantes, éste suele ser el punto de hospedaje de la mayoría de visitantes a Cinque Terre. Es más barato dormir aquí que en cualquiera de los cinco pueblos y está bien comunicada por tren. Sin duda, no tiene el mismo encanto, pero también es una buena opción para abaratar costes.

Estación de tren de L’Spezia, nudo de comunicación para llegar o salir de Cinque Terre

En la estación, compro por 2.5€ el billete de autobús que me llevará hasta Portovenere. Me indican que debo cruzar la Piazza Garibaldi y cerca de allí está la parada de autobús. La diviso desde lejos porque hay un grupo de turistas esperando. El trayecto dura unos 30 minutos. La costa está llena de yates y villas. El puerto de L’Spezia es grande. Veo un crucero amarrado (no me extraña que si llegan cruceros hasta aquí, Cinque Terre esté tan lleno). Todo está saliendo perfecto, esto se merece un “gelato”. Lo pido con sabor a yogur y lima con chocolate blanco. ¡Delicioso!. Con esta luz, todo luce precioso. 

Portovenere visto desde el puerto
Pescadora preparando su mercancía recién pescada, Puerto de Portovenere

La fachada de casas de colores frente al mar es muy fotogénica y tiene mayor perspectiva que los pueblos de Cinque Terre. Seguimos en el mar de Liguria. Esta joya escondida en el Golfo de los Poetas, bien merece una visita. Lord Byron estuvo aquí buscando inspiración. Pasear por este pueblo es una auténtica gozada. Bordeando el mar se llega a dos iglesias: la de San Lorenzo (cerrada por obras) y la de San Pedro, que sí puedo visitar. Para llegar a ella hay que subir una cuesta hasta el promontorio en donde se ubica la iglesia. El edificio casi forma parte de la roca. Esta antigua iglesia del siglo V, remodelada posteriormente en estilo toscano, preside Portovenere. Además de visitar su interior, se puede acceder a un pequeño claustro convertido en un mirador espectacular. Desde aquí se huele el mar, se divisa la costa y se disfruta de unas impresionantes vistas de sus grutas y del Castillo de DoriaVuelvo al centro del pueblo y a las estrechas callejuelas. La calle principal (también estrecha) está llena de restaurantes y tiendas. 

Iglesia de San Pedro, Portovenere
Claustro de la Iglesia de San Pedro, Portovenere
Interior de Portovenere
Detalle de uno de los rincones de Portovenere

Decido comer en un pequeño restaurante que recomiendan en internet. Buena elección. Flor de calabacín frita, una quiche con salsa de pesto (típica de la región) y un pastel de arroz que está riquísimo. Dejo Portovenere y vuelvo a Cinque Terre por mar, para conocer otra perspectiva de los pueblos. El barco sale a las 16h y una agradable navegación me lleva hasta Monterosso, parando en la mayoría de los pueblos. Me dirijo a la estación para coger el tren de vuelta a Riomaggiore. El trayecto completo cuesta 4€. Por última vez iré a la marina de este precioso pueblo y también, por última vez, subiré las escaleras hasta la cima. Aprovecho el atardecer, ya en mi hotel, para disfrutar de las vistas de Riomaggiore y despedirme de este lugar tan especial. Mañana me trasladaré en tren a Pisa para un vuelo directo que me devolverá a Barcelona. Siempre es interesante visitar la Toscana que está cerca de aquí.

Llegada al puerto de Monterosso
Vista de la costa de Cinque Terre
Calle principal de Riomaggiore que en tantas ocasiones subí y bajé
 Guía Práctica

TRANSPORTE: El camino hasta llegar a esta región de Liguria requiere de varios transportes: avión, autobús y tren. El coche se desaconseja porque no se puede utilizar para ir de pueblo en pueblo y tampoco permiten el acceso de tráfico rodado al centro de los pueblos. Una vez en Italia, se puede llegar a Cinque Terre desde Génova, Pisa o Florencia. Son las ciudades más cercanas a esta región de la costa oeste italiana, en el mar de Liguria. Yo opto por un vuelo directo Barcelona-Génova. El vuelo a Pisa obligaba a hacer noche en la ciudad y prefiero llegar a Cinque Terre el mismo día de viaje. Un autobús me traslada desde el aeropuerto de Génova hasta la estación de tren de Brignole, en un recorrido de unos 11 kilómetros en poco más de 30 minutos. 

Desde la estación de Brignole salen trenes hacia Cinque Terre. El tren va bordeando la costa dirigiéndose hacia el sur. El trayecto es cómodo y rápido. ¡Ya estoy en Cinque Terre!. Muy recomendable comprar el pase para el Parco Nazionale del Cinque Terre, que da acceso a todos los trenes, para los días que esté previsto el viaje. Este pase también da acceso gratuito a los baños de las estaciones cuyo precio es 1€ y también está incluido el minibus de Riomaggiore para subir o bajar de lo alto del pueblo. Es muy práctico porque constantemente estás cogiendo el tren para trasladarte de un pueblo a otro. Este pase no da acceso a los viajes en barco. Los billetes de tren hay que validarlos en unas máquinas disponibles en todas las estaciones. Te multan si el billete no está validado.

Los pueblos de Cinque Terre también se comunican a través de pequeñas embarcaciones que hacen el trayecto por mar y así la perspectiva de los pueblos es diferente. En mi caso cogí un barco en Portovenere (también en la costa de Liguria pero fuera de Cinque Terre), que me llevó hasta Monterosso (el pueblo más al norte). Así pude divisar los pueblos desde el mar e ir observando la abrupta costa. 

Riomaggiore visto desde el mar

SENDEROS: Existen multitud de caminos que unen los pueblos de Cinque Terre y que transcurren entre viñedos, montañas y el mar. Hay disponibles muchos mapas e información. En este enlace están detallados los senderos, con diferentes niveles de dificultad y distancias. Éste es un destino estrella para los senderistas. El sendero más famoso es la Via de l’amore que une Riomaggiore y  Manarola rodeando el mar. Era el que yo venia dispuesta a disfrutar y que encontré cerrado. ¡Una buena excusa para volver!.

Inicio del sendero más famoso de Cinque Terre: la Via de l’Amore, que une Riomaggiore y Manarola

ALOJAMIENTO: Existen múltiples opciones de alojamiento en cada uno de los pueblos de Cinque Terre. La mayoría de viajeros se hospedan en L’Spezia, es más barato. De los cinco, el pueblo con mayor infraestructura turística es Monterosso. Mi alojamiento fue el Hotel Cinqueterre Residence, situado en lo alto de Riomaggiore y con una terraza panorámica. Muy tranquilo y confortable. El propietario prepara cada mañana los cafés capuchinos en el desayuno. Se encarga él personalmente de esta labor y los clientes lo agradecen. El trato es muy cordial y amable. 

Restaurante Anciua en Portovenere

GASTRONOMIA: Estamos en Italia, por lo que las pizzas, la pasta y los paninis son omnipresentes. El vino de la región de Cinque Terre tiene D.O. y fama por ser una zona vinícola destacada, que usan para los viñedos las terrazas de las laderas. En cuanto a restaurantes hay una buena oferta en cada uno de los pueblos. Algunos interesantes:

*Il Pescato Cucinato, Riomaggiore: uno cucurucho de pescado frito con calamares y un trozo de limón, son una buena alternativa para un tentempié.  

*Nessum Norma, Manarola: disfruté muchísimo en este restaurante con unas excelentes vistas de Manarola. Las tostas de pomodoro es el plato estrella de la casa. Una ubicación inigualable.

*Trattoria Da Oscar, Monterosso:un pequeño local sin sofisticaciones pero con una cocina buenísima. Los gnocchis al pesto y el tiramisú me supieron a gloria.

Gnocchis al pesto y tiramisú en la Trattoria Da Oscar en Monterosso

*Caffe Matteo, Cornigliasituado en una placita que interrumpe la calle mayor del pueblo, en este restaurante con terraza tienen buena pasta a buen precio y son amables.

*Belforte, Vernazzaeste restaurante ubicado en el mismísimo acantilado, es uno de los mejores de la localidad. Maravillosas vistas y cocina con productos locales, pescado y marisco. Hay que reservar.

*Anciùa, Portovenere: un pequeño local en la calle mayor con especialidades locales y platillos interesantes. Rápido y barato.

Sorprendentemente , en la mayoría de los sitios no aceptan pago con tarjeta de crédito.  

Capítulo aparte merece el café. En una cafetería llegué a contabilizar hasta 16 tipos diferentes de cafés. Aquí está la carta:

Una buena colección de cafés ofrecen en una cafetería de Portovenere

 ¡CIAO ITALIA!

 

 

 

Autor entrada: Bea

Bea
Soy Bea. Me encanta viajar y fotografiar. Viajo desde siempre y siempre que puedo . Conocer , experimentar y rodar por el mundo.

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