Lisboa siempre es una buena idea. Sus barrios destilan auténtico sabor y el río más largo de la Península Ibérica desemboca aquí. Pasear por sus colinas al ritmo lento del fado y transportarte en sus míticos tranvías, son atractivos que atrapan al turista. Se acaba estableciendo un vínculo emocional que se renueva con futuras visitas a la ciudad. Sus muros explican...

