La capital de Vietnam podría ser un yin yang perfecto: un festín de dualidades que fluyen con inesperada armonía. Un batiburrillo de contrastes donde nada sobra, nada falta y sorprendentemente todo encaja. En las calzadas vuelan enjambres de motos enfurecidas y las aceras están salpicadas por sombreros cónicos bajo los que se esconden mujeres que trajinan con comida...



