Nació como un oasis artificial en el desierto, entre dos mares: el Muerto y el Rojo. Gracias a los nabateos, un antiguo pueblo nómada árabe que alcanzó su máximo esplendor entre los siglos IV a.C. y I d.C., Petra se convirtió en una próspera ciudad estratégicamente situada en las rutas comerciales de Oriente. En el año 106 d.C. el emperador Trajano anexiono pacíficamente el reino nabateo al Imperio Romano. El cambio de las rutas comerciales y un devastador terremoto provocaron el declive paulatino de Petra. Un europeo camuflado de árabe consiguió que los beduinos locales le llevaran a la ciudad en 1812. Desde entonces, provoca una fascinación que la han proclamado una de las Siete Maravillas del Mundo y Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO. ¡Bienvenidos a Petra, la ciudad perdida!
El pueblo nabateo consiguió el monopolio del incienso y la mirra y controlaba las rutas caravaneras que traían estas valiosas resinas desde el sur de Arabia, actual Yemen, hasta el Mar Mediterráneo, desde donde se distribuían a los imperios romano, griego y egipcio. En lugar de construir edificios desde cero, los nabateos esculpieron sus templos y tumbas directamente en la roca de arenisca rosada
Contenido
Petra en los años 90
Tuve la oportunidad de conocer Petra en los años 90 en una escala en Jordania viajando a Indonesia. Las líneas aéreas jordanas que, en aquella época cubrían los trayectos de Europa a Oriente, obsequiaban a sus viajeros con una noche en Ammán para visitar Petra. A pocas horas de viaje desde la capital jordana, se llegaba fácilmente en coche o autobús. Sin masificaciones y con tranquilidad me dispuse a descubrir la capital nabatea.
La experiencia era percibida como un destino turístico inédito pero más tranquila y auténtica, con una infraestructura más sencilla y una fuerte presencia de cultura beduina. Tras la inclusión de Petra en la lista de la UNESCO en 1985, el número de visitantes creció progresivamente durante los 90, pero todavía estaba lejos de las cifras actuales.
En los 90, era posible recorrer el Siq o el Tesoro con calma y el turismo internacional aún estaba en expansión, especialmente antes del auge de internet y las redes sociales.
La comunidad beduina local tenía un papel muy visible: muchos vivían o trabajaban dentro del área arqueológica y era común ver campamentos tradicionales. Los paseos en burro o camello eran habituales para desplazarse por el lugar. En definitiva, la sensación de exploración era más aventurera.
El turismo en Jordania en los 90 se vio influido por la situación política regional tras la Guerra del Golfo (1990-1991). Esto provocó altibajos en la cantidad de visitantes extranjeros durante algunos años de la década. Ademas, viajar a Petra no era tan accesible como hoy, porque las grandes aerolíneas de los Emiratos Árabes aún no existían o estaban comenzando. Las conexiones internacionales hacia Oriente Medio dependían más de aerolíneas tradicionales como Royal Jordanian o compañías europeas.
El Siq y el Tesoro
La belleza se va administrando con el detalle de un guión cinematográfico y así lo recuerdo …
“Te adentras en una elevada garganta de piedra arenisca rojiza y cruzas el sombrío y estrecho desfiladero, el Siq. Este sendero retorcido y erosionado a lo largo de miles de años, se abre paso entre rocas que alcanzan una altura de varios metros. Parece que sus paredes se vayan a cerrar en cualquier momento sobre ti. Caminar por él a primera hora de la mañana resulta una experiencia conmovedora, escuchando el viento por la angostura y el eco de las propias pisadas”.
Hubo un tiempo en que este lugar estaba concurrido y se congregaban las caravanas de camellos cargados de seda, incienso y especias en una de las rutas comerciales más importantes de la época.
De repente, en el recodo final, a través de una abertura que deja entrar la luz, intuyes la maravilla que te aguarda. Una majestuosa fachada aparece frente a tus ojos y el icónico templo excavado en la roca me deja embelesada. Esta misteriosa estructura conocida como El Tesoro -Al Khazneh- se cree que fue construida en el siglo I a.C. y excavada en la roca. Es tan sobrecogedor y asombroso que recuerdo permanecer inmóvil frente a él, casi sin respiración
Columnas griegas de pálido color rosa y frontones, te observan con el influjo de la mitomanía y belleza que atesora. Una urna gigante excavada por encima de la entrada del Tesoro conserva los estigmas de cientos de disparos realizados por las tribus beduinas en busca del tesoro perdido del Rey Salomón. Hay quien afirma que una banda de piratas guardó un botín entre sus piedras. Los aficionados al cine recordarán que en su interior reposaba el Santo Grial. El Tesoro mantiene su misterio ajeno al paso del tiempo. En realidad los expertos creen que se trata de una tumba.
La ciudad de Petra
La ciudad de Petra es inmensa y se requieren varios días para tomar conciencia de su magnitud, especialmente para visitar los lugares más alejados. Subiendo la escalera que conduce a la plaza de los Sacrificios, se tiene una visión panorámica de casi toda la ciudad.
No es de extrañar que Petra, oculta en medio del desierto, permaneciera olvidada durante más de 300 años, habitada sólo por algunos beduinos que, en la actualidad, disfrutan del derecho exclusivo de explotación de la zona. Apenas se ha descubierto un 15% de la ciudad, el resto sigue bajo tierra e intacta. Mientras, la misteriosa Petra “ciudad perdida” nos deleita con sus bellezas, a la espera de que se sigan sacando a la luz las maravillas todavía escondidas.






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