Escribí este artículo en el año 2010, coincidiendo con mi segundo viaje a Nueva York y esta es mi historia con Las Torres Gemelas: ayer, hoy y mañana a lo largo de mis cuatro viajes realizados a la Gran Manzana en un periodo de más de 30 años.

Contenido
PASADO: Agosto, 1988

El calor aprieta en la Gran Manzana. El asfalto quema. Es mi primer viaje a Nueva York. Visito el World Trade Center. Este año se cumplen 15 años de la inauguración de las Torres Gemelas. Fueron los edificios más altos del mundo. Cuando estoy en la base de la Torre Sur, me apoyo y miro hacia arriba: las líneas de acero exteriores suben hasta el infinito azul. La altitud da vértigo.

Subo hasta la plataforma de observación, la más alta a la que he subido y sin ninguna de las parafernalias de los miradores actuales. El ascensor es muy rápido y en segundos nos transporta al piso 107. La vista de la ciudad es impresionante y la luz fantástica. Allí, en el Midtown, el Empire State. Desde aquí, el edificio más icónico de la ciudad no impone con su altura. La panorámica desde la cima de la torre es espectacular. Disfruto del momento sin poder imaginar que, algún día, serán destruidas junto al enorme complejo que nos rodea.
PRESENTE: Diciembre, 2010


Hace un frío que pela, a pesar de que el día es soleado. Han pasado 22 años desde mi primer viaje a Nueva York. Estoy emocionada de volver a esta ciudad. El tercer día de viaje visito la Zona Cero. Se me encoge el corazón. Aquí estoy, nueve años después del ataque terrorista, aquel 11 de septiembre de 2001.

Como consecuencia de la reconstrucción, el enorme solar en el que estaban las Torres Gemelas está vallado. Una lona con imágenes de las obras cubre todo el perímetro. La zona está literalmente patas arriba: grúas, obreros, tierra, cimientos, estructuras inacabadas… Dicen que la reconstrucción total se completará en seis años. Un pequeña exposición en un local improvisado y cerca de las obras, exhibe imágenes del fatídico día. Cuesta mirarlas sin sentir un profundo vacío.

FUTURO: Octubre 2018
Vuelvo a Nueva York después de ocho años y viajo sola en un viaje que será inolvidable. Es otoño, un mes de octubre soleado. El día se despierta con un cielo azul y ni una nube, exactamente igual que en las dos ocasiones anteriores que fui a visitar el Lower Manhattan. Estoy ansiosa por ver el nuevo World Trade Center, ya finalizado. Está formado por cinco rascacielos, una terminal de transportes diseñada por Calatrava, el Oculus, y un Memorial y Museo del 11S en recuerdo a las más de 3.000 víctimas de los atentados. Hay mucho que ver y disfrutar. El nuevo complejo luce espléndido. ¡Qué ganas de verlo! Nunca me canso de esta ciudad.

Lo primero que hago es ir al nuevo World Trade Center. Accedo a la zona por el Oculus de Calatrava y me impresiona este edificio, considero que es una genialidad del controvertido arquitecto. Dicen que la terminal de transportes más cara de la historia, a mí me fascina. Y en cuanto salgo al exterior allí está: el elegante One World Trade Center, inaugurado en 2015, el rascacielos más alto de Nueva York superando los 500 metros de altura. Un icono en el Lower Manhattan al que subo a toda velocidad para disfrutar de unas espectaculares vistas de la ciudad. Ciertamente, estoy feliz que ya no exista la Zona Cero y se haya creado este nuevo y espectacular World Trade Center.


De hecho, dónde estaban las Torres Gemelas hay ahora dos estanques que lloran como cataratas y alrededor se pueden leer los nombres de los que perdieron la vida en los atentados al Word Trade Center. Visito el Museo 11S conmemorativo que se ubica por debajo y explora los trágicos sucesos que hacen que se me encoja el alma. Han pasado casi 15 años para poder ver así el nuevo World Trade Center. Estoy emocionada.

Asimismo, paseo por la High Line, escribo mi cuaderno de viaje en la NY Public Library, me siento Superman en el teleférico a Roosevelt Island y tomo el ferry gratuito a Staten Island. Visito el barrio de Street Art de Bushwick, hago la excursión Contrastes, fotografío todos los rincones que puedo, disfruto de un domingo en Central Park, cruzo de nuevo el Puente de Brooklyn y paseo por DUMBO. También veo de cerca a la Estatura de la Libertad y disfruto del skyline de la ciudad, como desde el Empire State. Ciertamente, constato una vez más la diversidad multicultural de Nueva York y conozco el barrio coreano que se añade a otros barrios étnicos de la ciudad.

Ciertamente, después de una vertiginosa semana me voy para volver. Qué poco imaginaba en aquel momento la que se nos venía encima. En un año llegaría la pandemia y con ella un frenazo mundial que dejó a Nueva York vacía. Tardaría siete años en reencontrarme con ella.
Mi cuarto viaje a Nueva York en 2025

En realidad, han pasado siete años desde mi último viaje a Nueva York. ¡Qué ganas tenía de volver a la gran metrópolis! La ciudad no para de reinventarse y he descubierto muchas novedades, la mayoría inauguradas en periodo pandémico. En primer lugar visito Hudson Yards, en el oeste de Manhattan. Dicen que la mayor inversión inmobiliaria desde la construcción del Rockefeller Center. Un nuevo icono aparece, el Vessel, en el centro de Hudson Yards. Conozco dos nuevos miradores: The Edge en Hudson Yards y Summit en el One Vandervilt en Midtown, ambos espectaculares y ya incorporados a los otros famosos rascacielos de Nueva York. Visitamos la nueva Little Island y volvemos al Chelsea Market que nos encanta.

También visitamos Hoboken en New Yersey, el motivo es disfrutar de un mirador magnífico de Manhattan, especialmente en la puesta de sol. Conocemos el PATH y el ferry de Hoboken a Manhattan. Disfrutamos de varios rooftops de la ciudad, muy de moda. Vuelvo a Bushwick para disfrutar del arte urbano y a DUMBO con el nuevo Time Out. Descubro la mejor heladería de la ciudad.

Finalmente, coincido con amistades no previstas que enriquecen el viaje y nos reencontramos con amigos catalanes que viven en Nueva York desde hace años. Siempre es interesante conocer de primera mano las vivencias y experiencias de alguien que vive en la ciudad. Un viaje redondo. Con buen tiempo y buena compañía. ¿Qué más se puede pedir?
Pues ¡volver pronto a esta ciudad infinita!






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