Valle del Omo

Etiopía secreta: viaje al Valle del Omo

El Valle del Omo, en el suroeste de Etiopía, es uno de esos lugares que parecen existir fuera del tiempo. Lejos de las rutas turísticas transitadas, este rincón remoto de África guarda un tesoro único: una diversidad cultural que no se encuentra en ningún otro lugar del mundo. Viajar hasta aquí no es solo un desplazamiento geográfico, sino un viaje hacia lo ancestral. Te presento una Etiopía secreta, entre ríos serpenteantes, sabanas doradas y aldeas tradicionales, el Valle del Omo es hogar de numerosas etnias que han mantenido vivas sus costumbres, rituales y formas de vida durante siglos.

Viaje al Valle de Omo

Explorar el Valle del Omo vale por sí mismo un viaje a Etiopía. Visitar esta región es adentrarse en un mundo donde cada mirada cuenta una historia. Un destino fascinante para los amantes de lo etnográfico, lo auténtico y profundamente humano que deja una huella imborrable en quien se aventura a descubrirlo.

¿Cómo llegar al Valle de Omo? 

Viajar al sur de Etiopía requiere paciencia y espíritu explorador. Las carreteras se vuelven polvorientas, los trayectos largos y el paisaje cada vez más indómito. Precisamente esa sensación de lejanía es parte de su encanto. El viajero siente que está cruzando una frontera invisible hacia un territorio auténtico, donde la modernidad aún no ha borrado las huellas del pasado.

Cuando el río Omo parte del altiplano al sur de Addis Abeba, la capital del país, se dispone a recorrer un millar de kilómetros antes de perder su nombre en otras aguas. Cuando llega al lago Turkana, ya en la frontera con Kenia, el paisaje se vuelve inclemente convertido en un desierto rocoso. Poco antes de eso, en el curso bajo del Omo se produce un cruce de culturas que deja pasmados a antropólogos y demás estudiosos. Estas tribus basan su vida en el pastoreo, la agricultura de subsistencia y el comercio a orillas del río Omo.

Valle del Omo

La puerta de entrada al Valle del Omo es Arba Minch, en un vuelo de poco más de una hora desde Addis Abeba. Situada a unos 1.285 metros sobre el nivel del mar y a 500 kilómetros de la capital, es una ciudad estratégica en el Gran Valle del Rift, rodeada por los lagos Abaya y Chamo. Se encuentra en la falla geológica activa que transcurre desde Siria hasta Mozambique a lo largo de de más de 6.000 kilómetros. Separa las placas tectónicas somalí y nubia, un área de alta actividad sísmica y volcánica. A partir de Arba Minch y siempre recorriendo polvorientas carreteras durante horas, vas descubriendo comunidades que conservan tradiciones ancestrales y una identidad profundamente arraigada.

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La autora en una aldea komso

Los dorze y las casas elefante

A unos 36 km al norte de Arba Minch, en los montes de Guge (2.900 msnm) se encuentra el territorio tradicional de los dorze, repleto de vegetación. La ciudad principal de los dorze es Chencha. Esta tribu de antiguos guerreros, hoy en día agricultores y ganaderos, son tejedores de renombre que producen tejidos de algodón con dibujos geométricos. Además, los dorze son famosos por la forma de sus casas que recuerdan a la cabeza de un elefante con pequeños jardines a la entrada. Estas construcciones diferentes de cualquiera que puedas ver en el país, pueden sobrepasar los 12 metros de altura.

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Casas Dorze, Valle del Omo

Valle de OmoCuando accedes al interior de las chozas, compruebas que son oscuras pero espaciosas y con suelos de tierra. Los techos abovedados están cubiertos por paja llamada enset (banano etíope) formando una fuerte cúpula convexa. Sorprende saber que la vida útil de estas cabañas puede llegar hasta los setenta años. Nos organizaron una visita a una de las aldeas dorze para descubrir parte de la vida diaria del poblado: cómo tejen, fabrican pan a partir del falso banano y elaboran una pasta llamada kocho, base de su dieta.

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Interior de una casa dorze

También pudimos presenciar sus animadas danzas y música en un ambiente de alegría y hospitalidad. Nuestro anfitrión, un chico joven de la aldea nos explico cómo degustar un aguardiente local del que daba muestras de un exceso de consumo, después de horas atendiendo a los grupos de turistas que visitaban la aldea. 

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Poblado dorze

Disfrutamos de una deliciosa excursión por el lago Chamo, situado en el Valle del Rift con sus 32 km de largo y 13 km de ancho y una superficie de 317 km². Se encuentra al sur del lago Abaya y es famoso por sus grandes poblaciones de cocodrilos e hipopótamos. Doy fe: cocodrilos vimos unos cuantos. 

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Navegación por el lago Chamo

Viaje al Valle del OmoLos Konso: una fascinante y compleja cultura

La pequeña población de Konso a 55 km al sur del lago Chamo, merece ser visitada por su compleja cultura. Asimismo, es una de las puertas de entrada a las comunidades del valle bajo del Omo. Sus habitantes, unos 185.000, practican el cultivo intensivo de cereales y hortalizas garantizando su supervivencia. Cada familia suele criar algo de ganado. Esta etnia practica creencias religiosas tradicionales y destacan sus waka, estatuillas de madera que se levantan en recuerdo de alguien con relevancia junto a las tumbas.

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Poblado konso

Las aldeas konso están dotadas de fortificaciones defensivas de 3 a 4 metros de altura en torno a las cuales se encuentran los campos de cultivo. Estas aldeas fortificadas con muros de piedra, fueron declarados Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO

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Wakas en el sur de Etiopía
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Niño en un poblado konso

Los konso son animistas y los difuntos pueden permanecer momificados en una cabaña durante 9 años y 9 meses y después se les entierra. Los konso son considerados una de las etnias mejor organizadas del sur de Etiopía.

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Poblado komso

Los Tsemei: caminando sobre zancos

Avanzábamos dirección sur por la carretera y de pronto… aparecieron ellos. Unos muchachos con el cuerpo pintado y subidos a unos largos zancos. El vehículo paró y los zancos se fueron aproximando hacia nosotros. Pertenecen a la etnia Tsemei, también llamada Tsemay o Tsamai. Un grupo étnico agro-pastoril que habita en el suroeste de Etiopía, específicamente en las llanuras adyacentes al río Weyto. Crían ganado (vacas, cabras, ovejas) y cultivan sorgo, maíz y mijo. Son considerados uno de los grupos más pacíficos y, a veces, menos conocidos del valle del Bajo Omo.

Viaje al Valle de OmoSe les llama los “niños zancudos o niños jirafa”. Históricamente, utilizan zancos hechos de madera local para pastorear, lo que les permite vigilar el ganado desde una altura superior, cruzar terrenos fangosos y protegerse de serpientes venenosas y otros animales salvajes. Caminar sobre zancos, que pueden medir varios metros de altura, también es un rito de iniciación que simboliza fuerza, equilibrio, responsabilidad y madurez.

¿Te imaginas ir transitando por una carretera etíope y encontrarte con esto?. Fue uno de los momentos mágicos de esta Etiopía secreta: viaje al Valle del Omo

Viaje al Valle de OmoLos Dassanech: más allá del río Omo

Habitan el extremo sur del Valle del Omo, cerca del Lago Turkana riberas del río Omo, entre Omorate y el lago Turkana. Los dassanech suman alrededor de 50.000 individuos y su actividad principal es el pastoreo y la agricultura y, en menor medida, la pesca. El ganado es fundamental para ellos, ya que proporciona alimentos, productos lácteos y estatus social. El paso a la madurez masculina, la iniciación, tiene lugar a una edad tardía, poco antes de los 30 años. En la edad adulta llegan a ser guerreros muy temidos por sus adversarios.

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Aldea de la etnia dassanech

El maquillaje y los adornos (collares, pulseras, pendientes etc…) son muy apreciados tanto por hombres como mujeres. Si embargo, cuando visitamos el poblado, nos encontramos mayoritariamente con mujeres que cuidaban de los niños, los hombre estaban pastoreando.

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Mujer dassanech

Tuve la oportunidad de pasar un buen rato con un grupo de mujeres dassanech, cantando y riendo. Ellas son Aike, Nierpe, Ita, Abarra, Itogo, Masa, Nagaba, Jarre, Ane … chicas alegres que al final de la visita nos dedicaron una bonita danza con bellas canciones. Fue otro de los momentos especiales de este viaje.

A pesar de la situación paupérrima en la que viven, su contagiosa alegría y curiosidad por un occidental es muy gratificante. Sus chozas semicirculares están cubiertas con una chapa que imposibilita estar dentro durante el día por las altas temperaturas. Los dassenech habitan un territorio en el que parece imposible subsistir. 

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Con un grupo de mujeres dassanech

Para acceder al poblado hay que salvar el río Omo y puede hacerse en una rudimentaria canoa o en vehículo cruzando un puente. Debido a la cercanía de la frontera con Kenia es obligatorio llevar el pasaporte, ya que en Omorate se debe pasar un control. Dejamos el poblado dassanech cuando el sol se pone en el horizonte. Es inevitable: nos vamos de este lugar con un nudo en la garganta. Como si el mundo se te reordenara por dentro, tomando consciencia de lo privilegiados que somos y poder conocer estas gentes, muy lejos de nuestro mundo.

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Cruzando el río para llegar al poblado dassanech
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Últimos rayos de sol en el Valle del Omo

Los Hamer: abalorios y peinados con barro 

Seguimos aún más al sur del Valle del Omo cerca de la frontera con Kenia, para conocer la tribu hamer, uno de los grupos étnicos más numerosos de la región. Su población consta de unos 50.000 habitantes, lo que los convierte en uno de los grupos étnicos más importantes de Etiopía. Los hamer viven en los alrededores de Turmi y Dimeka. Su principal medio de vida es el ganado, vacas, cabras, ovejas y los cultivos de sorgo, maíz y mijo. La miel es uno de los elementos más importantes en la dieta de los hamer. Se diferencian de los demás pueblos del valle por sus vistosos peinados recubiertos de arcilla. Las mujeres me parecieron muy bellas. 

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El acontecimiento social más emotivo y más celebrado por los hamer, es la ceremonia del rito iniciático: el Ukuli Bula o “salto del toro”, ritual con el que se celebra el paso de la infancia a la edad adulta. Durante esa ceremonia, un joven soltero completamente desnudo y debidamente rasurado de la cabeza a los pies debe saltar, sin caerse, sobre el lomo de seis vacas alineadas de lado, para demostrar su habilidad y valor en enfrentarse a la vida adulta. 

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Poblado hamer

Viaje al Valle de Omo    Lo primero que vi al bajar del vehículo cuando llegamos a una aldea hamer, fue un niño que parecía estar ordeñando una cabra. Acerque mi visión con el teleobjetivo de la cámara: estaba bebiendo directamente la leche de la ubre del animal. No recuerdo esta estampa en ninguno de mis anteriores viajes a África. La leche no es sólo alimento: es supervivencia diaria. Para un niño hamer, crecer significa estar en contacto directo con los animales desde pequeño. Para muchos occidentales puede parecer “extraño” o “primitivo”, pero eso dice más de nuestras percepciones culturales  que de ellos. Lo importante es mirar esa escena con respeto, no como curiosidad turística. Para ellos es una rutina cotidiana. Simboliza un mundo que desaparece.

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Los Mursi: platos labiales y lobulares

La etnia de los mursi ocupan tierras de los valles del Omo y del Mago, uno de sus afluentes más importantes. Hoscos y poco amistosos, las mujeres utilizan discos de cerámica o madera que insertan en el labio inferior de la boca y en los lóbulos de las orejas, a modo de símbolo de prestigio y elegancia. En el momento de casarse, el tamaño del plato determina la dote de la novia. Cuanto más grande sea el plato mayor es la dote, que suelen ser cabezas de ganado. Ciertamente fue la visita en la que menos sonrisas encontramos. Pastorean su ganado y son expertos apicultores y en menor medida cultivan la tierra. 

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Mujer mursi

Cuando llegamos al poblado, las mujeres habían organizado un pequeño mercadillo con puestos que exhibían los discos de cerámica -fue casi un milagro que llegaran enteros de vuelta a casa- Algunas los llevaban puestos y otras dejaban ver sus labios y lóbulos cedidos así como las escarificaciones en su piel. No regalaban ni una sonrisa a los visitantes y estaban focalizadas en vender sus productos.

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Poblado mursi, Etiopía

La comunidad de los orgullosos mursi (altos, delgados y fuertes) está compuesta por unos 8.000 individuos y esta considerada una de las etnias más temperamentales del valle. Los jóvenes solteros mursi, hacen una exhibición de agilidad y elegancia mediante la lucha de bastones, Donga. En estas luchas ponen a prueba su valor y destreza, que serán recompensadas con la admiración de las jóvenes casaderas y el prestigio entre los miembros de la comunidad mursi.

Mercado de Key Afar 

Si tu visita a esta región del sur de Etiopía coincide en jueves, podrás asistir al Mercado de Key Afar, un punto de encuentro multiétnico crucial donde acuden las tribus para vender su ganado, productos locales y artesanía. Es un mundo en sí mismo, un escenario dinámico donde el trueque y la compraventa de productos locales son la norma.

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Mercado de Key Afer

Valle del OmoMe encantan los mercados africanos. Centros vitales de intercambio cultural y comercial semanal. Aquí encuentras diversas etnias como los Hamer, Mursi, Ari … Los más destacados en el sur de Etiopía son el de Jinka, Turmi, Dimeka y éste de Key Afar. 

Después de recorrer el sur de Etiopía, nos vamos hacia el norte, a Lalibela. Allí nos espera una de las celebraciones religiosas más impresionantes de África, el Timkat o Epifanía de los ortodoxos etíopes. Este viaje es una sucesión de emociones y experiencias que me acompañarán para siempre. 

¿Qué significa conocer el Valle del Omo?

Sin duda, no puedes evitar una reflexión sobre la diversidad humana. Te vas de allí pensando lo diverso que es el ser humano. Lo rápido que cambia el mundo y en contraposición esas tierras que siguen inmutables a los cambios. La importancia de preservar culturas de etnias milenarias que mantienen intactas sus tradiciones. Llegas a una aldea y te regalan una sonrisa, da igual que sólo tengan para subsistir.

El valle del Omo es un lugar que deja huella. 

Beatriz Lagos

Hola, soy Bea.

Me encanta viajar y fotografiar. Viajo desde siempre y siempre que puedo . Viajar es la mejor inversión en vida. Conocer, emocionarme y aprender viajando por el mundo. Mis experiencias viajeras las relato y comparto en este blog. ¡Felices viajes!

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