Dicen que la primera vez, nunca se olvida. Este es el relato de mi viaje a uno de los países africanos más atractivo, Namibia, y mi primer encuentro con la vida animal salvaje en Etosha. Han pasado casi 30 años y aquellas emociones siguen intactas en mi memoria.
Después de una breve estancia en Ciudad del Cabo, la capital más austral de África, un vuelo a Windhoek me lleva hasta Namibia. Este país del suroeste de África que no esconde su pasado germánico, fue la colonia alemana más importante del continente africano. Aquí encontrarás el desierto del Namib, uno de los más bellos del mundo y también uno de los santuarios de vida salvaje más espectaculares de toda África Austral: el Parque Nacional Etosha, considerado de los más grandes del mundo. Su nombre significa “laguna de agua seca” y nos aporta algún indicio de las características de esta tierra.
Parque Nacional Etosha
Ubicado en el norte de Namibia, es uno de los destinos turísticos más emblemáticos del sur de África. Encontramos una sabana arbustiva de lagunas saladas secas, con lluvias estacionales y pequeñas charcas que, durante la noche, son un auténtico espectáculo animal. Los horizontes llanos y la ausencia de vegetación, facilitan el avistamiento de fauna salvaje.

Agosto, hemisferio sur, invierno austral. La mejor temporada para viajar a Namibia, con temperaturas agradables y precipitaciones bajas. Durante la estación seca en Etosha, los animales se reúnen en los pocos charcos que restan haciendo posible su observación. La vegetación disminuye y, por tanto, las opciones de esconderse son menores, pudiendo visualizar con mayor facilidad a los animales. Todo encaja.
Un curtido afrikáner, de origen neerlandés, blanco, rubio con ojos azules y corpulento, recoge al grupo en el punto previsto de Windhoek. Nos disponemos a hacer un safari por el Parque Nacional de Etosha y para ello contamos con un enorme camión para doce personas y todos los enseres necesarios para cocinar y acampar durante el recorrido. Un grupo de viajeros de diferentes partes del mundo, el conductor y guía afrikáner y un cocinero-ayudante nativo, simpático y diligente. Iniciamos uno de los viajes más apasionantes de mi curriculum viajero. Porque recorrer Namibia en camión, no es cualquier cosa.
Los “Big five”

Los grandes y pequeños mamíferos nos esperan. Los llamados “Big five”, referidos al quinteto de especies animales africanas formadas por el león, leopardo, rinoceronte, búfalo y elefante, y que cada vez es más difícil verlos en esta región de África, a excepción del vecino Parque Nacional de Chobe en Botswana. En Etosha podemos encontrar al rinoceronte negro, una especie en peligro crítico de extinción.

Aprendí mucho de los elefantes en mi viaje a Etosha. Se mueven en manadas de forma cansina y silenciosa por la sabana y están perfectamente organizados. Los ejemplares más fuertes, abren y cierran la comitiva; las hembras, en los flancos, y en el centro, protegiéndose de los depredadores, las crías. Deben recorrer grandes distancias en busca de agua y ello les obliga a una prudencia estratégicamente organizada.
Los “waterholes”

Al acabar la jornada, los campamentos cierran sus puertas a la puesta del sol. Fue precisamente en el campamento de Okaukuejo, en donde viví uno de los momentos estelares del viaje. Su gran charca de unos veinticinco metros de largo, es el punto de encuentro al que acuden los animales de la sabana a beber al anochecer. Unos potentes focos iluminan el abrevadero durante un rato. Es entonces cuando empieza una fascinante película en vivo y en directo
En un silencio sepulcral, sólo interrumpido por el click de las cámaras fotográficas, van desfilando los animales para beber. Primero los de menor tamaño: chacales, gacelas, cebras, ñues e impalas; les siguen las jirafas atentas a sus depredadores, despatarrándose -el momento más peligroso del día para ellas, pues les cuesta incorporarse con rapidez-. Finalmente llegan los elefantes, con su parsimonia y sobriedad. Entonces se alejan todos y la charca se libera para ellos solos. Todavía me sigue impresionando aquella experiencia.

Finalmente, el safari toca a su fin. Recuerdo perfectamente a nuestros compañeros de aventura con los que convivimos durante diez días y 24 horas diarias. Una mujer que viajaba sola y era una ejecutiva de Nueva York. Estaba en Europa para introducir la marca de maquillaje Bobbi Brown y aprovechó sus 10 días de vacaciones anuales para realizar este safari en África. Confieso que cada vez que veo publicidad de esta marca me acuerdo de ella. También nos acompañaba una familia australiana, una pareja neozelandesa y otra sudafricana. Todo el grupo durmiendo en tiendas de campaña, la mayoría de las noches y recorriendo este árido territorio con una riqueza faunística digna de los mejores documentales. Parece imposible que en una tierra tan yerma, puedan vivir tantos animales. Fue mi primer safari y pude conocer el milagro de Etosha.

Nota de la autora: Después de varias décadas, estas son las fotos que he podido recuperar de Etosha. Observé más animales de los que aparecen en este relato; sin embargo, en aquella época no existía la fotografía digital, así que he tenido que rebuscar entre mis diapositivas añejas y después digitalizarlas para poder ilustrar estas palabras. Sin duda, Namibia es uno de los países más impresionantes a los que he viajado.
Un impresionante incendio devora Etosha






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