Postales de Praga

Postales de la bella Praga

Ya había perdido la cuenta de las veces que había cruzado el Puente de Carlos en mis anteriores visitas a una de las ciudades más bellas del mundo. Volvía a Praga con la misma ilusión de la primera vez, pero con ese temor sutil a que el tiempo la hubiera cambiado. Sin embargo, en cuanto puse los pies en la Ciudad Vieja, me di cuenta de que Praga no cambia, sólo te espera. Estas son mis postales de la bella Praga, las de alguien que llegó para confirmar que los flechazos con ciertos lugares son para siempre.

Postales de Praga
Vista panorámica de Praga con el río Moldava

¿Por qué regresar a un lugar que ya has estado? Por ayudar a una amiga a cumplir un deseo. Es un buen motivo ¿no? Sin embargo, no es la única razón. Además quería comprobar si el Reloj Astronómico seguía marcando el tiempo de la misma forma mágica que recordaba. Quería volver a sentir esa humedad fría que sube por el Moldava al atardecer con el castillo iluminado como telón de fondo. Volver a perderme por Malá Strana sin rumbo fijo. Mis postales de la bella Praga no son sólo fotos de un viaje más, son la prueba de que hay lugares a los que uno nunca termina de marcharse del todo. Hay algo fascinante en ver cómo tú has cambiado mientras las estatuas del Puente de Carlos siguen ahí, impasibles, viendo pasar los siglos. Buscaba esa luz naranja que rebota en los tejados al final del día y que no he visto en ninguna otra parte del mundo. 

Postales de Praga
Atardecer en Praga, República Checa

La ciudad de las cien torres

Praga es, posiblemente la ciudad más fotogénica de Europa. Conocida como “la ciudad de las cien torres”, es un laberinto de piedra donde el gótico se da la mano con el barroco más exagerado. No es una ciudad plana ni previsible. Es el río Moldava partiendo el mapa en dos; es el Castillo vigilando desde lo alto como un gigante de piedra y es el Puente de Carlos, que más que un puente, es un museo al aire libre que ha sobrevivido a guerras e inundaciones. Pero más allá de los puntos turísticos, Praga es el sonido de los tranvías rojos chirriando en las curvas o el olor a canela (trdelník) en sus plazas. Y el omnipresente Kafka, que parece que todavía camine por las calles de la ciudad. De repente te encuentras frente a su cabeza magnética gigante que gira sin descanso.

Postales de Praga
Kafka en Praga

Postales de la bella Praga

Praga no se puede contar de un tirón, es demasiado bella. Por eso, he preferido abrir mi cuaderno de viaje y rescatar esos momentos que se quedaron grabados, no sólo en la cámara, sino en mi memoria. A continuación te comparto estas Postales de la Bella Praga. Son paradas en el camino, destellos de luz sobre el Moldava y rincones de la Ciudad Vieja y Malá Strana que hemos compartido y guardaremos para siempre en nuestra memoria viajera.

El icónico Puente de Carlos 

Postales de Praga
Puente de Carlos, Praga

Para nosotras no fue solo un lugar de paso entre Malá Strana y la Ciudad Vieja (Staré Mesto), fue nuestro punto de encuentro con la esencia de la ciudad cada mañana y cada noche. Logramos disfrutar del puente cuando estaba prácticamente vacío, con gente, con las primeras horas del día y al atardecer. A lo largo de 516 metros y con sus 30 estatuas de santos custodiando el paso y sus torres góticas en cada extremo, el puente tiene una energía que no se parece a nada. Por el día es un caos encantador: músicos callejeros que llenan el aire de jazz, artistas retratando turistas y el murmullo constante de mil idiomas mezclándose con el viento. Sin embargo, nosotras aprendimos que  el verdadero puente aparece cuando la ciudad duerme. De noche, cuando las luces de las farolas se reflejan en el Moldava y las estatuas se convierten en siluetas negras contra el cielo, el puente deja de ser una atracción turística para convertirse en un lugar mágico. 

Postales de Praga

El rey Carlos IV era un gran creyente de la astrología. Por ello, la primera piedra no se puso al azar, sino en el momento preciso para formar un palíndromo numérico: 135797531. El año corresponde a las cuatro primeras cifras: 1357, del día 9 del mes 7 a las 5:31 am. Se creía que esta secuencia de números impares, ascendente y descendente, otorgaría al puente una fuerza sobrenatural para resistir durante siglos. Y así ha sido. Ha aguantado inundaciones, la Guerra de los Treinta Años en el siglo XVII, la Ocupación Nazi y la Revolución de Praga. Es un auténtico superviviente.

San Juan Nepomuceno

Buscamos la estatua de San Juan Nepomuceno, la que todo el mundo toca para pedir que se cumpla un deseo. Además, dicen que si pones la mano en el relieve de bronce gastado, Praga te garantiza que volverás. Y allí, entre el santo y el río supimos que el deseo estaba cumplido. 

El refugio de Kampa

Si cruzas el Puente de Carlos y bajas por una escalera de piedra que parece esconderse a primera vista, apareces en la isla de Kampa. En cuestión de segundos, el bullicio de los turistas desaparece y el aire se vuelve más tranquilo. Kampa es ese rincón donde el agua del Moldava se desvía para mover molinos de madera que parecen olvidados en el tiempo. Pasear por aquí, entre sus jardines y las esculturas de los bebés gigantes de černy, te muestra una Praga diferente. 

Postales de Praga
Isla de Kampa desde la orilla opuesta del Moldava

Y hablando del escultor checo David Cerny, paseando por Praga encontrarás las esculturas de este artista rebelde y provocador, considerado el “enfant terrible” del arte checo. La más famosa es la cabeza gigante de Kafka realizada con 42 capas de acero inoxidable que giran de forma independiente. Los Bebés (Miminka) ya mencionados, el Caballo de San Wenceslao, en el Pasaje Lucerna y los Piss (hombres orinando encima del relieve del país) en el patio del Museo Franz Kafka en Malá Strana. Sin duda, todas sus obras generan polémica. 

Caballo de San Wenceslao en el Pasaje Lucerna, Praga
Los Piss. Escultura de David Cerny

El Castillo y la ciudad a tus pies

Subir al Castillo de Praga es, además de una visita obligada, un ejercicio de perspectiva. Al llegar arriba, cruzando el barrio de Malá Strana, el esfuerzo de la subida desaparece de golpe cuando te das la vuelta y ves ese mar de tejados naranjas extendiéndose hasta donde alcanza la vista. Es el mejor lugar para entender la escala de la ciudad. 

Panorámica desde el Castillo de Praga

Considerado el castillo antiguo más grande del mundo, es más una ciudadela amurallada que domina el horizonte desde lo alto de la colina de Hradčany. En su interior, frente a la catedral de San Vito, te sientes pequeña. Sus agujas góticas son tan negras y tan altas que parecen querer tocar las nubes. Estamos frente a una joya del gótico que tardó casi 600 años en terminarse. Las vidrieras modernistas de Alfons Mucha, el máximo exponente del Art Nouveau, son hipnóticas. 

Castillo de Praga
Postales de Praga
Catedral de San Vito
Vista nocturna del interior del Castillo de Praga

Necesitarás varias horas para disfrutar todo lo que te ofrece el castillo:

  • La Catedral de San Vito
  • El Callejón del Oro
  • El antiguo Palacio Real
  • Basílica de San Jorge
Interior del Castillo de Praga

El Callejón del Oro

Hay un rincón dentro del recinto del Castillo que parece haber sido construido para duendes o alquimistas. El Callejón de Oro, con sus casitas de colores encajadas en la muralla, es lo más parecido a caminar por un cuento de los hermanos Grimm. Entrar en la casa número 22, donde Kafka escribió parte de su obra, es sentir ese espacio diminuto y austero que tanto dice de él. Así que entra y compra el libro de Kafka que escribió aquí, traducido al español, y que guardarás como un tesoro. El callejón es una calle estrecha, a veces demasiado llena de gente, pero si logras llegar al final del día, la encontrarás vacía y te saldrá gratis. Entonces es cuando puedes imaginar a los antiguos orfebres trabajando bajo la luz de las velas. 

Postales de la bella Praga
El Callejón de Oro, Praga

La torre del reloj astronómico 

Quizás esta sea la postal más icónica de la ciudad. El Reloj Astronómico es el corazón de la Ciudad Vieja y tiene su propio ritmo. Verás a la multitud congregarse a sus pies cuando falta poco para la hora en punto. Todos los móviles en alto, guardando un silencio expectante, como si estuviéramos a punto de presenciar un milagro medieval. Y entonces, ocurre. Las figuritas de los apóstoles desfilan tras las ventanas, la Muerte toca su campana y el gallo cacarea. Dura apenas unos segundos, pero en ese breve instante, el tiempo se detiene. Praga lleva midiendo la vida desde hace siglos, no solo en horas y minutos, sino en ciclos de la luna y posiciones del sol. 

Reloj Astronómico de Praga

Subir a la torre es el contrapunto perfecto a la postal anterior. Si abajo está el bullicio y la espera, arriba está el silencio y la recompensa. En las alturas, Praga se despliega en 360 grados: la Plaza de la Ciudad Vieja, las agujas de la iglesia de Tyn y los tejados naranjas te rodean como un oleaje de terracota. La ciudad parecía darnos su bendición desde las alturas.

Vista panorámica desde la Torre del Reloj

Postales de PragaHay quien opina que la Plaza de la Ciudad Vieja es la plaza medieval más bonita de Europa. Difícil de valorar, en nuestro continente hay muchas y bellas plazas medievales. Así a vuelapluma, me vienen a la cabeza la Grand-Place de Bruselas, la Piazza del Campo de Siena en el corazón de la Toscana, la Piazza de San Marcos en Venecia, la Plaza del Mercado Nuevo en Dresde o la Grote Markt en Brujas pero hay muchas más. 

Plaza de la Ciudad Vieja, Praga

Un muro de libertad

La ciudad te sorprende con un golpe de color en medio de la sobriedad de Malá Strana. El Muro de John Lennon no es solo una pared llena de graffitis, parece un organismo vivo que cambia cada día. Lo que empezó en los años 80 como un acto de rebeldía silenciosa contra el régimen, hoy es un lienzo infinito de deseos, letras de canciones y mensajes de paz. Hay algo emocionante en ver capas y capas de pintura superpuestas, como si los sueños de miles de personas estuvieran allí acumulados.  

Muro de John Lennon

Nos quedamos un buen rato leyendo los mensajes escritos en mil idiomas. Buscamos un hueco libre (misión casi imposible) para dejar nuestra pequeña marca. Fue el lugar perfecto para recordarnos que, por muy oscuro que parezca el camino, siempre hay un rastro de color al que aferrarse.

Lennon Wall, Praga

El silencio amontonado: el cementerio judío

No puedes hablar de Praga sin detenerte en su herencia judía. El barrio judío es el alma resiliente de la ciudad. Durante siglos, el barrio Josefov fue un mundo dentro de otro mundo, un gueto donde el espacio era escaso pero la vida intelectual y espiritual eran intensas. Pasear por el barro judío de Praga es caminar sobre na historia de resistencia que se siente en cada fachada y en cada sinagoga que sigue en pie. El cementerio judío te golpea solo entrar con miles de lápidas de piedra erosionadas por el tiempo y amontonadas unas sobre otras, inclinándose en ángulos imposibles como si intentaran sostenerse entre sí. 

Postales de Praga
Cementerio judío, Praga

Debido a la falta de terreno, durante siglos tuvieron que enterrar a las personas en capas. Es una selva de piedra gris y musgo. Caminar por sus senderos es sumergirse en un recogimiento y silencio absoluto, solo roto por el crujido de las hojas secas. No hay flores sobre las tumbas, sino pequeñas piedras que los visitantes dejan encima de las lápidas , un gesto judío que simboliza que el recuerdo no muere, que la memoria es sólida. Nosotras también buscamos una pequeña piedra. Praga tiene esos contrastes: puede ser la ciudad más suntuosa con sus iglesias barrocas, más colorida con su muro de Lennon y la más solemne en este pequeño cuadrado de tierra en el barrio judío.

El brillo de la Sinagoga Española

Si el cementerio es el silencio y la piedra, la Sinagoga Española es la luz y el detalle infinito. Se llama así por su estilo morisco que recuerda a la Alhambra de Granada . Es de esos lugares que te obligan a echar la cabeza hacia atrás y dejar la boca abierta. Una auténtica joya. Cada centímetro de sus paredes y el techo está cubierto de filigranas doradas, patrones geométricos y colores que parecen brillar con luz propia.

Sinagoga Española, Praga

Postales de Praga

Hay una armonía tan perfecta en su decoración que hacen de este lugar un imperdible de la ciudad. Justo al salir, verás la famosa estatua de Kafka, la que está sentado sobre un hombre sin cabeza y sin manos, un buen contraste entre el interior de la sinagoga y el surrealismo del autor.

Clementinum: el santuario de los libros

Entrar en la biblioteca barroca del Clementinum es como cruzar un portal a otro siglo. Aquí huele a papel antiguo y a madera de roble. Es una de bibliotecas más bellas que haya visitado. Bajo los techos pintados con frescos, se alinean miles de tomos encuadernados en piel que guardan siglos de saber. Hay globos terráqueos antiguos en el centro de la sala que te recuerdan una época en la que el mundo todavía estaba lleno de lugares por descubrir. Puedes subir a la Torre Astronómica por unas escaleras de caracol y al llegar arriba, Praga se abre de nuevo ante ti. 

Postales de PragaLas torres que bailan

El contrapunto perfecto a tanta aguja gótica y piedra antigua es la Casa Danzante. Praga también sabe ser vanguardista y “bailar” a orillas del Moldava. Si caminas por la ribera del río, entre edificios señoriales del siglo XIX, aparece una pareja abrazada en pleno movimiento. Son Ginger y Fred, las dos torres que forman la Casa Danzante. Una es de piedra sólida y la otra es de cristal, curva que parece doblarse bajo un paso de baile invisible. Nosotras nos quedamos un rato mirándola desde el otro lado de la calle. Hay quien dice que desentona pero a mi me pareció la metáfora perfecta de nuestro viaje. Al final, viajar es saber adaptarse, fluir y bailar como estas torres.

La Casa Danzante, Praga

Muy cerca de la Casa Danzante se encuentra la legendaria U Fleku. No sólo es la cervecería más antigua de la ciudad, sino que presume de ser la única en Europa Central que ha elaborado cerveza de forma ininterrumpida durante más de 500 años. Fundada en 1499, el edificio es un laberinto de ocho salones históricos. Un festival de cerveza, música y platos tradicionales checos como el famoso codillo de cerdo asado. No puedes perdértelo.  

Cervecería UFleku, Praga

Idiom: el pozo de libros

Antes de decir adiós definitivamente, hicimos una última parada técnica en la Biblioteca Municipal para asomarnos a un abismo muy particular. En el vestíbulo nos esperaba una torre cilíndrica hecha enteramente de libros, pero el truco no está por fuera, sino por dentro. Al asomar la cabeza por la apertura, la sensación es de vértigo absoluto. Gracias a un juego de espejos colocados en la base y en el techo, los miles de libros se multiplican hasta el infinito y más allá. Creando un túnel eterno que parece no tener fin ni por arriba ni por abajo. 

Postales de praga
El pozo infinito, Biblioteca Municipal. Praga

Mirar ese pozo infinito de papel con mi amiga fue como resumir nuestro viaje a Praga: una sucesión de capas, de páginas compartidas y de un deseo que, como ese túnel de libros, ahora parecía no tener límites. Salimos de la biblioteca, cerramos la puerta y, por fin, dejamos que Praga se convirtiera en un capítulo más de nuestro libro viajero compartido.

Un hotel encantador 

Hotel en Praga

Si buscas una experiencia deliciosa y vas a Praga por primera o enésima vez, el Archibald At The Charles Bridge es un 10/10. La sensación de despertarte cada día viendo esta imagen desde tu ventana casi tocando las piedras del puente es impagable. Nosotras viajamos en febrero y el precio es competitivo. La ubicación es estratégica, estás en Malá Strana, justo al bajar las escaleras del Puente de Carlos. Puedes ir a verlo al amanecer antes de que lleguen los grupos de turistas y volver a desayunar al hotel en 3 minutos. Un lujo. El hotel es un conjunto de edificios del siglo XVI con vigas de madera y un acogedor comedor para sentirte como una reina en la Praga medieval. El hotel da a una de las plazas más tranquilas y románticas de la ciudad en la Isla de Kampa. Si puedes, reserva una habitación con vistas al puente y tu estancia será inolvidable. 

Postales de Praga
Vistas desde nuestro hotel

Un deseo en la maleta

Volvía a Praga con la misma ilusión de siempre, pero me voy con algo mucho más valioso: la certeza de que las ciudades no son solo monumentos, son los escenarios donde elegimos vivir momentos especiales. Ayudar a mi amiga a cumplir su deseo en este laberinto de piedra y oro ha sido el mejor regalo de este regreso. Porque Praga, con su Kafka omnipresente, su soberbio castillo, el barrio judío lleno de memoria, su Puente de Carlos eterno y sus encantadores rincones, te enseña que nada es imposible si tienes el escenario adecuado y la compañía correcta. 

Espero que te hayan servido de ventana estas postales de la bella Praga. Si alguna vez sientes que necesitas un lugar donde la magia es casi real, ya conoces donde está. Yo por mi parte, sé que tarde o temprano volveré a cruzar sus puentes. Al fin y al cabo, ya sabes lo que dicen: el que toca el bronce del puente, siempre regresa. 

Viajeras en Praga
Beatriz Lagos

Hola, soy Bea.

Me encanta viajar y fotografiar. Viajo desde siempre y siempre que puedo . Viajar es la mejor inversión en vida. Conocer, emocionarme y aprender viajando por el mundo. Mis experiencias viajeras las relato y comparto en este blog. ¡Felices viajes!

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