Esa mezcla de humedad pegajosa y neón que te recibe al salir del aeropuerto de Miami no ayudó mucho a disipar mis dudas. ¿Realmente era este el punto de partida ideal para una odisea global? No estaba en nuestros planes iniciales arrancar aquí nuestra vuelta al mundo. Sin embargo, era un buen prólogo antes de volar a Phoenix, para visitar a mi amiga Anna que habían pasado 20 años sin vernos. Mis expectativas eran justas pero nos disponíamos a disfrutar de cuatro días de playa, descanso y poco movimiento antes de encarar nuestro periplo por cuatro continentes.

Pasamos nuestras primeras horas conduciendo y caminando por Ocean Drive, observando cómo la arquitectura Art Deco luchaba por mantener su elegancia frente al desfile de Ferraris y música a todo volumen. Sin embargo, hubo un momento, justo cuando el sol empezó a esconderse tras los rascacielos del Downtown y el cielo se tiñó de un violeta eléctrico, en que el escepticismo empezó a ceder.


Miami se siente como un paréntesis entre dos mundos: no es del todo Estados Unidos, pero tampoco es del todo América Latina. Es un limbo vibrante y extrañamente magnético. Me senté en un café de la Calle Ocho, la más representativa de la Pequeña Habana. Es el lugar perfecto para observar la autenticidad del barrio sin filtros y el punto de partida ideal para alguien que empieza una vuelta al mundo porque es, en sí misma, un micro universo. Guayaberas, dominó y aroma a tabaco. Saqué mi cuaderno de viaje y anoté algo que me hizo sonreír: “Si el viaje empieza así, no quiero ni imaginar cómo estaré cuando llegue a Nueva Zelanda o el Sudeste Asiático”
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Miami: Mucho más que neón y palmeras
Si pensabas que Miami era solo el escenario de una película de los 80, prepárate para un “choque cultural” de los buenos. Es la ciudad donde el café cubano tiene más potencia que un espresso italiano y donde el arte callejero compite en valor con los rascacielos de cristal. Si tienes dudas con esta ciudad es totalmente normal, Miami muestra una personalidad que arrolla y, a veces, confusa. Mucha gente llega esperando solo palmeras y playa y, por el contrario, se encuentran con una metrópolis gigante, tráfico intenso y precios que asustan.
Para ayudarte a despejar esas dudas, aquí tienes los “tres choques de realidad” más comunes que suelen generar incertidumbre:
- ¿Es demasiado caro? No te voy a mentir: Miami ha subido mucho de precio desde que la visité hace años. Sin embargo, hay formas de buscar el equilibrio. Los hoteles en primer línea de playa y las cenas en South Beach, disparan el presupuesto. Se puede ahorrar con planes gratuitos como pasear por Wynwood Walls y disfrutar de las playas públicas de Key Biscayne o usar el Metromover, un tren elevado gratuito para ver los rascacielos de Brickell.
- ¿Necesito coche alquilado? Si te quedas solo en South Beach, no lo necesitas. Uber funciona bien. Ahora bien, si quieres conocer el “verdadero” Miami (Wynwood, Little Havana, Desing District …) sí lo necesitas. La ciudad es inmensa y el transporte público convencional no va a solucionar tus traslados.

- ¿Hablan español en todos lados? Casi. Miami es la capital de Latinoamérica en EEUU. En el 90% de los lugares podrás pedir tu café o hacer el check-in en español, pero saber inglés ayuda siempre, recuerda que estas en USA.
- ¿En qué época ir? Evita agosto y septiembre por el calor extremo y los huracanes. La mejor época es de noviembre a mayo.
Qué ver en Miami
Aquí tienes los puntos que no pueden faltar en tu itinerario de varios días en Miami:
El Distrito Art Deco (South Beach)
No es solo fachada, es el conjunto arquitectónico de este estilo más grande del mundo. Caminar por Ocean Drive y Collins Ave es transportarte a los años 30 y 40. Pero si quieres mimetizarte con el entorno, alquila un coche descapotable y disfruta de un verano eterno con una perspectiva abierta hacia el cielo. Será el momento más “cliché de película” que puedes vivir en Miami, absorbiendo el entorno. Me encantó la experiencia. Busca el Clevelander o el reloj de sol de la zona para fotos icónicas. Los edificios en tonos pastel son el paraíso de cualquier fotógrafo.



South Beach “SoBe” es el epicentro del estilo, la fiesta y la arquitectura en Miami. South Pointe Park es la joya de la corona. Tiene las mejores vistas del atardecer, un muelle panorámico y puedes ver pasar los cruceros gigantes. Lummus Park es la imagen de postal de Ocean Drive. Aquí encontrarás las famosas casetas de salvavidas de colores, gente patinando y las canchas de voleibol playero al más puro Miami Style.

La Española Way, una calle peatonal con arquitectura de estilo español-mediterráneo, llena de restaurantes y una atmósfera muy romántica es un imprescindible por la noche. Lincoln Road es el centro comercial al aire libre más famoso. Ideal para hacer compras, tomar un café o simplemente ver pasar a la gente, uno de los pasatiempos favoritos en Miami. En cuanto a gastronomía encontrarás todo tipo de cocina internacional.
Miami Beach
Si bien South Beach (calle 1 hasta la 23) es la zona más famosa, Miami Beach es en realidad una barrera completa de unos 11 kilómetros de largo con personalidades muy distintas en cada tramo. Mid Beach (calles 24 a 63), la más sofisticada y tranquila con hoteles legendarios como en Fontainebleau. Si buscas lujo tranquilo, esta es tu zona. North Beach (calles 64 a 87), mucho más residencial y relajada.
Wynwood Walls: el museo a cielo abierto
Si el diseño es lo tuyo, este barrio es el epicentro. Wynwood es el polo opuesto a la playa, si Miami Beach es azul y arena, esto es puro color, hormigón y energía urbana. Antiguos almacenes industriales transformados en lienzos para los mejores grafiteros del mundo. Wynwood es el lugar perfecto para hablar de metamorfosis. De locales abandonados a una galería de arte gigante. Además, no te pierdas las galerías adyacentes y las cervecerías artesanales que salpican la zona. Wynwood Walls: el corazón del barrio. Es un recinto cerrado donde los muralistas más famosos del mundo (como Kobra, Banksy, Obey, Os Gemeos y nuevos talentos internacionales) han dejado su huella. Un museo que ahora requiere pagar entrada que conviene comparar on line.
No te quedes solo en el museo, el arte está en todas partes. Puedes comprar libros de arte increíbles en Wynwood Walls Shop y en RC COla Plant, un espacio masivo lleno de grafitis, se hacen buenos festivales de música electrónica. Conviene ir a Wynnwood temprano por la mañana porque no hay casi sombra. Es una zona muy segura en las zonas principales (NW 2nd Ave) sin embargo mejor evitar caminar hacia el oeste, pasando por la I-95 al caer la noche si no conoces la zona.

A menudo se dice que Wynwood es el “Williamsburg del Sur”. Ciertamente, ambos barrios comparten un ADN muy similar. Bushwick en el barrio de Williamsburg de Brooklyn, también pasó de ser una zona industrial olvidada a convertirse en un epicentro del arte, si eres un amante del Street Art y visitas la Nueva York, no te lo pierdas.
Little Havana
Caminar por la Calle Ocho (SW 8th St) es lo más cerca que estarás de Cuba sin pasaporte. Imprescindible: ver a los locales jugar dominó en el Máximo Gómez Park, comerse un sándwich cubano auténtico y terminar con un helado de mantecado en Azúcar. El Paseo de la Fama de la Calle Ocho al estilo Hollywood, pero con sabor latino. Las estrellas en la acera rinden homenaje a figuras icónicas como Celia Cruz o Gloria Estefan. Es un recordatorio constante de que Miami es la capital cultural de Latinoamérica en EEUU. Heladería Azúcar:tienes que probar el helado de “Abuela María” (guayaba, queso crema y galletas María). Es, literalmente, Miami en un cono.
Brickell
Estamos en el districto financiero y el músculo de acero de Miami. Hay quien la llama “Manhattan del Sur” y ha redefinido el skyline de la ciudad en los últimos años. Verás gente con traje caminando por un espacio denso, vertical y con olor a brisa marina. Brickell City Centre es, ademas de un centro comercial, una obra de arquitectura destacable. The Underline es un parque lineal inspirado en el High Line de Nueva York, perfecto para caminar o andar en bici debajo de las vías del Metrorail. También puedes acercarte al Mary Brickell Village, un área peatonal con un ambiente más relajado ideal para un brunch al aire libre. Si quieres vistas desde las alturas, no puedes irte sin visitar Sugar (ubicado en el piso 40 del hotel EAST) o Rosa Sky (perfecto para ver el atardecer con un cóctel rosado). También es el paraíso de los foodies por ejemplo en Leku, Komodo o la mar de Gastón Acurio.
Cayo Vizcaíno (Key Biscayne)
Mientras Brickell es puro asfalto, Key Biscayne es el escape natural a solo 15 minutos cruzando el puente. Por unos pocos dólares pasas del distrito financiero a una isla paradisíaca. Como buena amante de los faros, no me perdí el Faro de Key Biscayne, construido en 1825. Puedes subir para tener la mejor vista del Atlántico. También encontrarás una playa de aguas tranquilas famosa por sus palmeras infinitas y dunas naturales.
Un plan recomendable, si hace buen tiempo, es dedicar la mañana a Key Biscayne y regresar a Brickell al atardecer. Verás cómo se encienden las luces de los rascacielos mientras cruzas el puente de regreso.

El vuelo hacia Phoenix salía en menos de 48 horas. Anna me había prometido que el aire seco del desierto me limpiaría los pulmones y que veríamos el atardecer desde **Camelback Mountain**. Pero antes de cambiar el mar por el cactus, decidí que Miami merecía una oportunidad honesta. Me pedí un segundo café corto y me dejé llevar por el ritmo de la ciudad, aceptando que, en una vuelta al mundo, el escepticismo es solo el equipaje que uno suelta primero.
¿Qué era lo que me hacía dudar de elegir Miami como el primer paso de mi aventura? Ya ni me acuerdo…
Nota de la autora
Tuve que sufrir la clásica experiencia del sur de Florida que nadie te cuenta: fuimos a visitar los Everglades National Park y nos cayó el diluvio universal justo antes de entrar. Íbamos predispuestos a ver cocodrilos y caimanes en este ecosistema único, pero nos quedamos a las puertas. La mejor época para ir es entre noviembre y abril, la temporada seca. Hay menos humedad, casi no llueve y es cuando más animales se ven.






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