Lo que realmente enriquece un viaje es la gente que te encuentras por el camino. No necesariamente se requiere una gran charla. A veces, sin palabras, la comunicación es fluida y profunda. Rodar por el mundo. Observar a las personas. Interaccionar con ellas. Una sonrisa puede transmitir mucho más que mil palabras. Conocer las diferentes costumbres, culturas y códigos...









