GOTOKU-JI: el templo de los gatos maneki-neko en Tokio

Fui a Gokoku-ji pensando que era Gotoku-ji (sí, el templo del maneki-neko)… y no, no era. Bueno, viajeros, vengo a confesar algo que probablemente le ha pasado a más de uno visitando Tokio: me equivoqué de templo. En mi defensa puedo decir que los nombres son muy parecidos. ¿Gokoku-ji? ¿Gotoku-ji? ¿Quién pensó que eso era buena idea? Te explico una de las interminables anécdotas de mi segundo viaje a Japón que realicé sola hace algunos años. ¿Quieres visitar Gotoku-ji: el templo de los gatos maneki-neko en Tokio? Si tu respuesta es afirmativa o tienes cierta curiosidad, te invito a leer este articulo para que no te pase lo mismo que a mi. 

GOTOKU-JI: el templo de los gatos maneki-neko en Tokio

En mi lista de “cosas que sí o sí tengo que ver en Tokio” estaba Gotoku-ji, el famosísimo templo de los maneki-neko, esos gatitos blancos, collar rojo y cascabel dorado con la patita levantada que traen suerte. Obviamente, como buena turista entusiasmada, organicé mi itinerario, abrí Google Maps, y me fui derechita a… Gokoku-ji. Sí, leíste bien: Go-ko-ku-ji. Un solo caracter diferente. Y también un templo completamente distinto. Tenía el tiempo justo porque en breve tenía reservada una actividad fotográfica al otro lado de la ciudad. Tomé el metro, me bajé, caminé, llegué y entré en el templo, miré a mi alrededor… y nada. Cero gatos. Ni uno solo. “¿Me perdí la zona principal?” pensé.

Spoiler: no, no me la perdí. Me equivoqué de templo.

GOTOKU-JI: el templo de los gatos maneki-neko en Tokio
Entrada al templo de Gokoku Ji en Tokio

Gokoku-Ji: el templo que fui por error pero me encantó 

Después de un rato, revisé bien y ahí me di cuenta del error. Un solo carácter diferente en kanji… ¡y acabé en el lugar equivocado! Pero te digo algo: valió la pena. Gokoku-ji es un templo muy bonito, con mucha historia y cero turistas. Lo recorrí tranquila, sin multitudes ni selfies cada tres pasos. Así que aunque no encontré los famosos maneki-neko (eso quedó pendiente para otro día), terminé descubriendo un rincón muy auténtico de Tokio. Y aprendí una lección importante: verifica bien los nombres cuando estés en Japón. En serio.

GOTOKU-JI: el templo de los gatos maneki-neko en Tokio

Hay errores que te salen caros… y otros que te regalan una experiencia inesperada y hermosa. Gokoku-ji fue eso para mí: un error con final feliz. Se trata de un templo budista del siglo XVII y a diferencia del resto de templos turisticos, aquí no hay filas, ni ruidos, ni tours en grupo. Cuando llegas te recibe una gran puerta de madera con techo curvado y cuando la atraviesas todo se siente sobrio, elegante y sin estridencias. Jardines bien cuidados, un cementerio antiguo y un salón principal (hondō) que impone. También una zona en la que vendían ropa, telas y objetos tradicionales, en donde señoras vestidas con kimono hacían sus compras. 

GOTOKU-JI: el templo de los gatos maneki-neko en Tokio

Observé a varios abuelos rezando en silencio y ni un solo turista. Tuve la sensación de que había entrado en una parte íntima del Tokio real. Uno de los indicadores claros de que no estaba en el templo de los gatos, fueron las tablillas Ema, esas en las que la gente escribe deseos, agradecimientos y oraciones y después las cuelgan en unos paneles cerca del altar. Se representaban jabalíes y seguían sin aparecer gatos por ninguna parte.

Setagaya: el Tokio tranquilo que no sale en las postales

GOTOKU-JI: el templo de los gatos maneki-neko en Tokio

Si piensas en Tokio, lo primero que se te viene a la cabeza son luces, gente corriendo y pantallas gigantes… Setagaya no opta por el ajetreo y es uno de los barrios residenciales más grandes y verdes de Tokio. Parece más discreto que sus famosos vecinos Shibuya y Shinjuku. Pero no por ello es menos digno de interés. Es más residencial, más local, y tiene ese aire de barrio donde la vida pasa más despacio. Casas bajas, calles angostas, árboles, bicis y verde. Casi que te dan ganas de venir a vivir aquí, poner una cafetería especializada en té matcha -mi favorito- y aprender japonés. Además puedes hacer una excursión en una de las dos líneas de tranvía que quedan operativas en Tokio: la línea Setagaya

Se decanta un poco más hacia el oeste, donde se encuentran las orillas del río Tama. Es el tipo de lugar donde no te vas a cruzar con hordas de turistas, pero sí vas a encontrar templos escondidos, tienditas con encanto, panaderías japonesas, y parques donde la gente pasea al perro como si tuviera todo el tiempo del mundo. Aquí es fácil olvidar que se está en pleno Tokio, puesto que tienes la sensación de llegar a un pequeño pueblo. Además, es el hogar del templo Gotoku-ji, así que si venís a ver a los maneki-neko “el Gato que hace Señas”, literalmente, ya tienes la excusa perfecta para perderte un rato por el barrio.

Ahora sí, GOTOKU-JI: el templo de los maneki-neko 

GOTOKU-JI: el templo de los gatos maneki-neko en Tokio

Al día siguiente, con el mapa y el nombre bien revisados, me lancé en busca del verdadero Gotoku-ji. Tomé la Odakyu Line hasta Gotokuji Station y esta vez sí: ¡llegué al paraíso gatuno!. Apenas entras al templo, todo parece normal. Jardines cuidados, pagoda de tres pisos, ambiente zen. Pero caminas un poquito más… y ¡PUM! Una marea blanca de maneki-neko aparece entre los árboles y los altares. Una de las muchas curiosidades japonesas que encuentras en este país. 

GOTOKU-JI: el templo de los gatos maneki-neko en Tokio

Pequeños, miniaturas, medianos o gigantes. Ahí te esperan: todos con su patita levantada, como si te dijeran: “Hola, bienvenido, trajiste tu ofrenda, ¿no?”. Es imposible no quedarse embobado sacando fotos, o tratando de contar cuántos hay -es imposible contarlos- Si te da la tentación, puedes comprar uno ahí mismo y dejarlo como ofrenda o llevártelo a casa para recordar siempre este lugar tan especial. 

GOTOKU-JI: el templo de los gatos maneki-neko en Tokio

En el siglo XVII, Japón estaba en pleno período Edo: samuráis, templos y tradiciones. En este contexto, había un templo budista modesto en lo que hoy es Setagaya. No era muy conocido ni especialmente rico. Hoy, Gotoku-ji es un templo activo de la escuela Sōtō del budismo zen, y también un punto de peregrinación para quienes buscan suerte, protección o simplemente una experiencia única. 

Bajo el patrocinio de la familia li, el templo fue ampliado y actualmente cuenta con un salón del buda, un enorme salón principal y una preciosa pagoda de madera. Justo detrás de la pagoda está el gran cementerio en donde están enterrados miembros de la familia del clan y dónde hay una sección específica para gatos. Sin embargo el lugar que más llama la atención es el pequeño templo del maneki-neko en donde se encuentran infinidad de estatuillas que los feligreses han devuelto al templo en señal de agradecimiento por la buena fortuna recibida.

GOTOKU-JI: el templo de los gatos maneki-neko en Tokio

En la oficina que gestiona el templo podrás comprar una estatuilla de un maneki-neko o tablillas ema con gatos dibujados. Curiosamente, gran parte del contenido de las tablillas está dedicado a los gatos que muchos tienen como mascota.  

GOTOKU-JI: el templo de los gatos maneki-neko en Tokio

Maneki-neko, el gato de la suerte

La leyenda más famosa habla de un monje pobre y su gato. Un día, un señor feudal se refugió bajo un árbol cerca del templo cuando comenzó una tormenta. Vio al gato levantar la pata como si lo llamara, así que se acercó… ¡y justo cayó un rayo donde estaba el árbol! Agradecido por salvarle la vida, el señor donó dinero para restaurar el templo. Y desde ahí, el maneki-neko pasó a ser un símbolo de protección y buena fortuna. 

GOTOKU-JI: el templo de los gatos maneki-neko en Tokio

Con el tiempo, la historia se hizo popular y la imagen del gato de la patita levantada se convirtió en un amuleto clássico japonés que ahora ves en todo el mundo. Pero el corazón del mito está en Gotoku-ji.

GOTOKU-JI: el templo de los gatos maneki-neko en Tokio

El 29 de septiembre se celebra el Día del Maneki-neko. Al más puro estilo friki japonés, hay hasta festivales donde todo el mundo lleva cosas de gatos. Así que ya sabes, si estás de viaje por Asia y ves un maneki-neko, no lo ignores; puede que te esté llamando a la buena suerte! 

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Beatriz Lagos

Hola, soy Bea.

Me encanta viajar y fotografiar. Viajo desde siempre y siempre que puedo . Viajar es la mejor inversión en vida. Conocer, emocionarme y aprender viajando por el mundo. Mis experiencias viajeras las relato y comparto en este blog. ¡Felices viajes!

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